miércoles, 7 de febrero de 2018

A propósito de “The Post”, lo último de Spielberg: tres películas sobre periodismo


Por Jorge Díaz Arroyo

La última película de Steven Spielberg, The Post: los oscuros secretos del pentágono, ha vuelto a poner en la gran pantalla un thriller dramático centrado en el ejercicio periodístico. El séptimo arte ya cuenta con piezas magistrales al respecto, como El ciudadano Kane (1941, Orson Welles, para muchos la mejor película de la historia) o Todos los hombres del presidente (1976, Alan J. Pakula). Sin embargo, en la siguiente selección, abordamos filmes más recientes, que nos permiten acercarnos a diferentes aristas del hacer periodístico, con notable vigencia. Son películas que no solo se pueden disfrutar como espectador, sino también como ciudadano crítico, informado y comprometido con el presente.


“The Post: los oscuros secretos del pentágono”: libertad de prensa y rol fiscalizador


(2017, Steven Spielberg). Basada en hechos reales, esta película aborda la misión de la prensa en cuanto a ente fiscalizador del poder, al servicio de los ciudadanos (no al revés), y sobre la defensa de la libertad de prensa para cumplir en buena forma con lo anterior. El contexto es la decisión que a inicio de lo años 70 debió tomar la dueña (Katharine Graham, interpretada por Meryl Streep) y el editor general (Benjamin Bradlee, interpretado por Tom Hanks) del Washington Post (entonces un diario local) de publicar una serie de documentos clasificados que prueban que el gobierno de los Estados Unidos engañó al Senado y al pueblo estadounidense respecto a la Guerra de Vietnam, prolongando innecesariamente un conflicto que sabían que perderían. Presionados por la administración Nixon, amenazados por acciones judiciales y en un complejo momento económico, los líderes del medio tendrán que tomar una compleja decisión.

El tema ya había sido abordado en una película para la televisión (Los archivos del pentágono, 2003, Rod Holcomb), pero desde el punto de vista de la fuente que filtra los documentos, y no desde los medios que los publican.

El filme, realizado en tiempo récord, es sin duda un paralelismo que funciona como llamado de atención sobre lo que ocurre hoy en Estados Unidos respecto al presidente Donald Trump y su relación con los medios de prensa. La pertinencia con la agenda contemporánea también salta a la vista con el empoderamiento de la propietaria del medio, en un ambiente predominantemente masculino y machista.




“Spotlight”: la relevancia del periodismo de investigación


(2015, Thomas McCarthy). No basta con la declaración de independencia ni las buenas intenciones. Para que un periódico sea relevante debe contar con capacidad y recursos para investigar los temas en forma efectiva, el respaldo de los directivos y la valentía e integridad de sus reporteros y editores. Todo esto se dio en el Boston Globe cuando su equipo de investigación periodística, llamado “spotlight” (algo así como “poner en foco” o “echar luz”), se propuso indagar y, luego, dar a conocer las prácticas sistemáticas de encubrimiento a los abusos sexuales a menores, cometidos por miembros del clero local, por parte de la Iglesia Católica de Massachussets. Esto, a inicios del siglo XXI, previo a la masificación de internet, con un Estados Unidos choqueado por los atentados del 11 de septiembre y una Iglesia Católica aun poderosa. El escándalo desencadenó una oleada de denuncias de prácticas similares a nivel mundial, hoy ampliamente conocidas. El filme que relata estos sucesos, por su parte, recibió el Oscar a Mejor Película 2015, entre otros galardones.




“Contagio”: los peligros de la posverdad


(2011, Steven Soderbergh). Si bien este filme no se centra en el periodismo, sino en cómo surge y se expande una pandemia, con catastróficos resultados, es interesante que los realizadores, en la arista prensa, hayan preferido darle protagonismo a un reportero aficionado e independiente que informa mediante un blog, y no a las grandes cadenas tipo CNN, como nos tiene habituado el cine de catástrofes de vocación más comercial.

Alan Krumwiede (interpretado por Jude Law) comienza a hacer una cobertura alternativa a los medios tradicionales, desde un blog autogestionado, comenzando a ganar seguidores en base a primicias y “certezas” de las que la gente está ansiosa y que los estamentos oficiales no proporcionan. Motivado por el ego, el resentimiento ante los grandes medios (que lo han marginado), y la ambición económica, Krumwiede comienza a superar la mera especulación, alcanzando pronto derechamente la mentira para aprovechar el momento. La (des)información que proporciona genera mayor caos, cuando las personas buscan un sencillo medicamento que el asegura funciona como antídoto al virus: la forsythia.

La película, de esta manera, cubre la reacción de la sociedad global ante la emergencia (incluido los estamentos de gobierno, así como los organismos internacionales de salud), sin dejar afuera la hoy preocupante variable de desinformación mediante noticias falsas, motejadas con el concepto ambiguo de posverdad.

Recuerde esta película cuando vuelva a oír acerca de pronósticos de terremotos en nuestros país.


martes, 6 de febrero de 2018

Literatura erótica: pasión de leer




Este 8 de febrero se estrena en las salas de cine el film “Cincuenta sombras de liberadas”, última entrega de la saga basada en la trilogía de literatura erótica de E. L. James, que se transformó en superventas mundial. Excusa perfecta para revisar algunas piezas de este género, tan antiguo como la literatura misma, que reúne clásicos como “El Amante de Lady Chatterley”, “Lolita”, “El amante”, “La pasión turca”, entre otros. Sin embargo, serán textos de más o menos reciente éxito y diverso estilo, los que veremos en esta nota.


Por Jorge Díaz Arroyo


CINCUENTA SOMBRAS DE GREY
E. L. James
Grijalbo


Una fama algo injusta precede a esta obra de E. L. James. Como suele ocurrir con un libro superventas (más aún si la autora es una desconocida), se sospecha de la calidad literaria de la pieza. Si la temática es erótica y el grueso de las lectoras son mujeres, entonces la desconfianza se dispara. Y es probable que esta no sea una obra maestra, pero tampoco se trata de un texto sin ningún mérito. No se explica de otro modo su éxito mundial, ni que a propósito de él se halla levantado toda una moda por escribir, publicar y leer sagas de similar temática (con distinta suerte. Por ejemplo, la trilogía de Raine Miller, El affaire Blackstone es un completo bodrio, aunque gozó de buenas ventas).

Lo cierto es que la historia de Anastasia, una desaliñada e inexperta estudiante de último año de literatura, y el millonario y enigmático Cristian Grey, cautivó a millones de lectoras y lectores alrededor del globo. En el primero de los tres volúmenes de la serie (le siguen Cincuenta sombras más oscuras y Cincuenta sombras liberadas), Anastasia conoce a Cristian cuando reemplaza a su amiga agripada, en la entrevista que ésta debe hacerle para la revista de la facultad. La torpeza de Anastasia cautiva a Grey y éste provoca en ella una intensa atracción. Se seguirán viendo hasta que la pasión se desate. Entonces el millonario deberá develarle a la protagonista sus gustos y condiciones: contrato de confidencialidad y una relación puramente carnal y bajo códigos sadomasoquistas.

La muchacha, que es virgen, se ve tan atraída como atribulada por la inesperada oferta. Comienza una negociación en que ambos irán transando sus condiciones iniciales. Mientras tanto, algo más que la simple atracción comienza a fluir, los sentimientos se enredan y los secretos del Sr. Grey comienzan a develarse.

Aunque el inicio es algo forzado, con arquetipos manidos -como la absoluta inocencia e inexperiencia de Anastasia y el poderoso atractivo de Grey- con el avance de las páginas los personajes van ganando espesor, la trama interés y los conflictos le pelean espacio a las secuencias de sexo. Porque este es un punto relevante en la novela. Las secuencias de sexo, según cierta crítica, en esta obra poseen una descripción demasiado detallada o carente de recurso literario. Lo cierto es que, mucho de ese recurso, visto en obras clásicas del género erótico, nació originalmente como eufemismo ante las censuras de épocas remotas.

En síntesis, Cincuenta sombras… es una novela de amor, de amor erótico, si se quiere; o, mejor dicho, una novela de amor donde el sexo no se omite.


JOVEN Y ALOCADA
Camila Gutiérrez
Plaza y Janés


No nos encontramos, en esta ocasión, ante una novela, sino un relato autobiográfico, escrito por la periodista Camila Gutiérrez, quien narra el trayecto en que descubre, explora y asume su bisexualidad, y su identidad, mientras es parte de una familia conservadora, de clase alta (algo venida a menos) y evangélica.

Si la historia le parece familiar, es porque la autora primero abordó esta situación en un fotolog titulado “Joven y alocada”, el que llamó la atención de la directora Marialy Rivas, quien lo llevó al cine, con el mismo título y guion de la propia Gutiérrez.

Pero no se confunda. Cada producto es distinto. El fotolog es el relato en “tiempo real”, y ya no existe. La película expresa los conflictos y el tono del fotolog: sexi, provocador, conflictuado, lleno de tensiones y culpa por la presión familiar y religiosa, pero siempre lúdico y buscando conciliar la identidad interna con la externa (aunque sea un esfuerzo condenado al fracaso); pero posee varias licencias creativas y personajes que no existen en la realidad (el canal de televisión evangélico y sus personajes, la tía enferma y bondadosa, entre otros). El libro, en cambio, es el recuento más o menos desde el presente, de todo este periplo, sin aditivos ni exageraciones, según cuenta la autora.

Leerlo denota un tono algo más doloroso que el que trasmite la película. No obstante, Camila mantiene la prosa chispeante y llena de neologismos y giros propios de una “evangelais” creativa. Acá se aprecian todos los dolores de crecer y asumirse en un contexto familiar y social no dispuesto a aceptarla tal cual es. La rigidez, arbitrariedades y manipulación que observa en la iglesia que lidera su tío no se critica desde la asepsia de una intelectual, sino desde la experiencia de quien ha padecido esas prácticas. Lo mismo vivió su hermana mayor, en quien Camila encuentra una confidente y apoyo.

Con todo, el humor está presente a lo largo del relato, así como la pulsión por explorar la sexualidad con curiosidad y relativa avidez. Un dato. La película fue recomendada por la Fundación Futuro, de la familia Piñera, como uno de los títulos del cine chileno deseables de ver y discutir en liceos nacionales. ¿Y si se hiciera lo mismo con el libro?


COLECCIÓN MILO MANARA
(Varios títulos)
Milo Manara
Editorial Norma

Milo Manara es un historietista, célebre por su uso de la “línea clara”, aquella técnica del cómic que se caracteriza por el empleo de trazos limpios, sin achurados en los dibujos. Pero es aún más famoso por ser uno de los exponentes más destacados del cómic erótico a nivel mundial.

Manara, que ha trabajado junto al chileno Alejandro Jodorowsky en la novela gráfica Los Borgia, suele ser guionista y dibujante de sus obras, en las que ha demostrado un estilo propio, aclamado por la crítica y acogido por los lectores.

Editorial Norma lanzó hace algunos años una serie de sus más célebres creaciones, titulada Colección Manara, en que, con interior blanco y negro e impresión en papel couché, allegó a los lectores a un precio razonable verdaderas joyas del género.

El registro de Manara es amplio. Entre los títulos de la colección podemos encontrar relatos sórdidos, como Cita fatal, en que la esposa de un ambicioso político que busca escalar en su carrera debe someterse a abusos para pagar las “deudas” de su pareja. Está también el tono lúdico y de comedia, con historias como El perfume del invisible 2, en que una hermosa joven intenta un golpe de suerte utilizando un curioso ungüento, que le da invisibilidad. Eso sí, para usarlo debe estar desnuda, pues el producto no funciona sobre la ropa. Pero hay más. En un tono más intelectual –o metafísico, si se quiere– se encuentra Las aventuras de Giuseppe Bergman, suerte de “héroe” recurrente del italiano, que se interna por mundos oníricos, siempre en compañía de una hermosa mujer, experimentando sugerentes vivencias.

lunes, 5 de febrero de 2018

Lena Katina en Bal Le Duc: “De Rusia con amor”



La rusa, ex miembro del dúo t.A.T.u., tomó un vuelo de 24 horas para actuar en el club Bal Le Duc, de Santiago, el pasado 26 de enero; allí cantó en tres idiomas y se dedicó por cuatro horas a fotografiarse y firmar autógrafos con sus fans chilenos. Por si fuera poco, recibió un reconocimiento del Movilh por su apoyo a la comunidad LGBT.


Texto y fotos de Jorge Díaz Arroyo


Cuando en 2002 el dúo ruso t.A.T.u. irrumpió en la escena musical mundial, de la mano de éxitos como All the Things She Said o Not Gonna Get Us, no sólo se trató de un exitoso nuevo grupo adolescente. Fue también la visibilización masiva y global de minorías sexuales que querían dejar de ocultarse en el underground para reclamar sus derechos y lugar en la sociedad, sin complejos, sin vergüenzas.

Y aunque el año 2004 se supo que la imagen de pareja lésbica de las integrantes del dúo, Julia Volkova y Lena Katina, sólo era un concepto creado por los productores de la banda y amarrado por contrato, esta revelación no significó que los fans dejaran de verlas como un ícono de la causa LGBT. Más aún cuando las cantantes aseguraron continuar comprometidas en apoyar al movimiento.

Este lazo, que combina música y activismo, también se mantuvo en los fans de Chile, y aunque en 2006 se frustró un intento por traer a las rusas a la Estación Mapocho y luego el dúo se disolvió, la ilusión por ver en vivo a alguna de las ex t.A.T.u. (ahora en sus respectivas carreras solistas) se mantuvo ‒casi como una utopía‒ en los seguidores nacionales.

Hasta que el sueño se concretó.

Fue la pelirroja Lena Katina la que arribó al país ‒tras un vuelo de 24 horas desde Rusia‒ para presentarse el pasado 26 de enero en la discoteque Bal Le Duc de la capital, en un show íntimo que convocó a más de 300 seguidores.

La cantante moscovita ‒también sicóloga‒ ya había cultivado lazos con el país, al manifestar en 2012, mediante un video, su solidaridad por el asesinato homofóbico al joven chileno Daniel Zamudio, mismo formato que usara para expresar su apoyo al Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh) en 2013. Estos gestos le valieron que el mismo Movilh le hiciera un reconocimiento, al llegar al país, durante un encuentro sostenido con la cantante en la víspera de su show en Santiago.

La devoción de Katina por su público de habla hispana se grafica, además, en que en 2016 editó un disco en español, “Esta soy yo”, versión en el idioma de Cervantes de su primera placa solista, “This is Who I Am” (2014), trabajos que vino a presentar a nuestro país, marcados por un tono de resiliencia tras una etapa difícil.

El show propiamente tal estuvo marcado por la efusividad del público que coreó los clásicos de t.A.T.u. así como los éxitos solistas de la rusa. Sonaron canciones en inglés, español y ruso durante una hora de actuación, con una afinada, cálida y animada solista. Aunque la música usada estuvo grabada en pistas, el recurso (forzoso por las distancias y el formato de la presentación) no restó calidez a la actuación, pero sí algo de potencia. Al show le siguió una maratónica sesión de autógrafos, fotografías y saludos entre los fans y la cantante, que se extendió por más de cuatro horas, incluso luego del cierre del local, a eso de las 5:00 de la madrugada del sábado 27 (Lena estuvo hasta las 07:00 A.M. con los últimos fans que esperaron su turno).

La lealtad, abnegación y fidelidad de los fans chilenos, encontraron ‒como pocas veces se puede apreciar‒, una reciprocidad genuina en Lena Katina. Una espera que valió la pena y una visita que promete repetirse, esta vez en el marco de una gira latinoamericana para promover el nuevo disco que la ex t.A.T.u. prepara, y que debiera liberar su primer single promocional hacia marzo de este año.

La fanaticada local ya sabe que puede esperar de Lena: música, compromiso y carisma, venido de Rusia, con amor.


domingo, 28 de enero de 2018

Libros de cine: Lecturas con control remoto



La presente selección de libros no trata, como ya vimos en un posteo anterior, de novelas adaptadas al cine, sino derechamente de libros sobre cine; es decir, textos que, desde distintos ángulos, estudian este medio de expresión que lleva más de un siglo fascinándonos.


Por Jorge Díaz Arroyo


NO LEÍ EL LIBRO PERO VI LA PELÍCULA
Mario Valdovinos
Uqbar

Con esta expresión que todos hemos dicho u oído, el escritor, docente y crítico literario, Mario Valdovinos, titula el presente trabajo, publicado por Uqbar en 2010. Se trata de un relato ameno en que el autor va reflexionando sobre la experiencia de ver cine, abordando parte de sus orígenes para, luego, llegar lo que ya adelanta el título: leer películas. Y es que en la medida que Valdovinos avanza, se va haciendo evidente como, poco a poco, la literatura ha ido influyendo en el arte de contar historias con imágenes en movimiento.

No se trata, especialmente al principio, de que algunas películas sean adaptaciones de novelas. El influjo es más sutil. Ciertos géneros literarios traspasarían algunos de sus códigos al estilo narrativo de los (nacientes) géneros cinematográficos. Identifica, por ejemplo, como en la filmografía de Chaplin está presente el folletín melodramático. Al respecto el autor señala que “[a Charles Chaplin] le encantaba la narración lacrimosa, de acceso universal, la que descansa sobre la base del sufrimiento, las emociones, la pérdida, la redención por amor y, en definitiva, la soledad y el abandono al no ser correspondido”.

Aunque la influencia de la literatura en el cine comenzó más bien por la estructura narrativa (planteamiento, conflicto, clímax, desenlace, catarsis) y el trasvasije de ciertos géneros del papel a la pantalla, luego las adaptaciones de ciertas novelas fueron algo inevitable: las historias leídas y re imaginadas por el lector al fin podían verse y los personajes obtener un rostro concreto. El libro revisa casos como Ladrón de bicicletas, Muerte en Venecia, La naranja mecánica, El último tango en parís y El túnel, entre varios otros. También aparecen adaptaciones de obras literarias chilenas como La muerte y la doncella, El cartero de Neruda y La luna en el espejo. El concepto de “fuente literaria” es amplio para Valdovinos, lo que le lleva a abordar incluso la película en dos partes Ché, protagonizada por Benicio del Toro e inspirada en los diversos diarios escritos por el guerrillero.

El autor deja claro que no todas las adaptaciones de la literatura al cine son logradas, y así se aprecia en algunos ejemplos que elige. Por nuestra parte advertimos a los lectores que Valdovinos, en el análisis de cada caso, a menudo se refiere a diversos pasajes de los filmes, lo que, para quien no han visto alguna obra y quiere hacerlo, puede ser fatal. ¡Alerta de spoiler!


CHILE EN EL CINE
LA IMAGEN DEL PAÍS
EN LAS PELÍCULAS DEL MUNDO
PRIMERA PARTE
Ascanio Cavallo – Antonio Martínez
(editores)
Uqbar

Los críticos cinematográficos Ascanio Cavallo y Antonio Martínez son los autores de este trabajo que se dedica a pesquisar las apariciones o menciones de Chile en la cinematografía mundial. Aunque saben que se trata de un esfuerzo no completamente logrado, los autores reconocen que han intentado ser todo lo acuciosos que ha resultado posible, esforzándose por no dejar cita sin registrar.

En todo caso, no se crea que se trata (solamente) de un esfuerzo llevado por la pura curiosidad y afán de generar trivia. Ya existen entretenidos libros que han emprendido esa tarea. En esta aventura los autores se han propuesto abordar la imagen país, esa suerte de marca que los asesores de marketing tratan que un determinado gobierno pueda vender al exterior para allegar inversiones, turistas y ganar reputación y prestigio internacional). Claro que el cine existe desde antes que la “imagen país” fuera un asunto del que el estado, el mercado y las agencias de publicidad tomaran conciencia, por tanto la “idea de Chile” que el séptimo arte ha ido forjando en el mundo desde el inicio del siglo XX ha sido más bien fruto del azar, algunas ideas arquetípicas y unos cuantos malos entendidos, como el libro deja muy en claro.

Este estudio, impreso en papel couché e ilustrado con afiches de algunas de las películas mencionadas y otros tantos fotogramas de secuencias aludidas, está concebido en dos partes, de las que aquí tan solo reseñamos la primera. Mientras el volumen uno aborda los atributos permanentes de la imagen de Chile: su latitud (el fin del mundo, como se alude a menudo), su clima (recurrentemente evocado como frío), sus productos (donde la minería es la más referida, seguida por la pesca y el vino) y sus paisajes (dominados por la cordillera, y en menor proporción el Cabo de Hornos, Isla de Pascua, y el desierto). El segundo volumen tratará atributos más contingentes, como la política y la cultura. Se consideran en este trabajo solo películas extranjeras, dejándose fuera, por tanto, el cine chileno y todo tipo de documentales y series o películas para televisión, sean nacionales o foráneas.

El libro hace una revisión exhaustiva, como ya se señaló, lo que puede ser a menudo agotador, sobretodo porque muchas veces las referencias a Chile son vagas o reiterativas en cuanto al atributo a referir. Pero está salpicado de humor, sobre todo ante las muchas veces erróneas alusiones al país, y especialmente cuando los autores ironizan sobre la calidad artística de algunos filmes y las virtudes de ciertos directores. Y ya que Cavallo y Martínez son ácidos para calificar a algunos realizadores, anotemos un par de errores de ellos mismos, que los cinéfilos más contemporáneos podrán advertir sin dificultad: los autores escriben que el Moai de Isla de Pascua que aparece en la serie Una noche en el Museo solo habla a partir de la segunda entrega de la saga, cuando la verdad es que lo hace desde la primera (pág. 222). Mientras tanto, en la página 284 anotan que la película Un día muy especial (donde la bandera chilena se cuela en un fotograma) es protagonizada por George Clooney y Melanie Griffith. Craso error: la pareja del peor Batman de la historia es la mejor Gatúbela que el cine conoce, Michelle Pfeiffer. Es el peligro de escribir para lectores que también han visto películas.


EL NOVÍSIMO CINE CHILENO
Ascanio Cavallo – Gonzalo Maza
(editores)
Uqbar

Nuevamente con Ascanio Cavallo, pero esta vez como editor, y compartiendo rol con Gonzalo Meza, este trabajo se preocupa de algunos de los referentes más recientes del cine chileno, calificado aquí como “novísimo”, y que tiene como fecha general de partida el año 2005, en que se verifican la mayoría de los estrenos de esta novel generación.

Son 21 artículos críticos, a cargo de 21 autores diferentes, que abordan en total a 23 realizadores (pues hay dos duplas de cineastas en la selección).

Los textos ahondan en las temáticas que los distintos directores suelen abordar, el tratamiento con que visten y narran sus historias, y la evolución que evidencian entre un proyecto y otro. Los críticos acusan también los yerros y aciertos de las diferentes propuestas y anticipan algunos desafíos a abordar por los directores, para que sus filmografías alcancen la madurez que se anhela.

El libro se editó en 2010, por lo que desde entonces muchos de los autores han estrenado nuevas realizaciones, obviamente no consideradas en el presente trabajo. Por lo tanto, lo que vemos aquí es a Sebastián Lelio antes de Gloria, Alicia Scherson antes de El futuro, Pablo Larraín antes de No y El Club, Alejandro Fernández antes de Matar a un hombre, entre otros casos. Ésto no deja de ser interesante si el lector quiere contrastar su personal opinión actual con el autor de alguno de los artículos, con la ventaja de quien ha apreciado una filmografía actualizada y por tanto ha sido testigo de una evolución que el crítico entonces solo podía intuir o especular.

El novísimo cine chileno se sigue escribiendo (¡y filmando!), mientras tanto este libro ya es un viaje a un fértil pasado. Algo así como el almanaque de deportes de Volver al Futuro, pero al revés. ¿No se entiende? Pues bien, son citas de cinéfilos… y lectores.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Cabra Lesa


Daniela González y Diego Zúñiga
Ril Editores

Fran y Noelia son dos jóvenes veinteañeras de clase media que comparten departamento en Santiago, al tiempo que intentan afirmar los pasos en sus respectivas y nóveles carreras profesionales.

Berni es prima de Fran y trabaja en la misma empresa que Noelia, en un puesto superior. Algunos años mayor, muestra independencia y seguridad, pero también tiene su lado frágil. Es, además, lesbiana, lo que le ha costado el reproche y distanciamiento de parte de su familia.

Bárbara es la hermana menor de Fran. Madre soltera, reparte su tiempo entre su hijo, Nachito, y su trabajo de estilista.

Estas cuatro amigas son las protagonistas de Cabra lesa, un webcomic que tras su éxito se transformó en un par de libros (este es el primero). La publicación recopila los episodios, de una página, que dan cuenta de las aventuras, cotidianidad, conflictos y amores de cuatro chicas con las cuales las lectoras no debieran tener problemas en congeniar e identificarse.

En el libro se ofrece además una precuela, en forma de relato, a cargo de la guionista Daniela González, más un epílogo inédito, en cómic con dibujos de Diego Zuñiga. Se suma una galería de artistas invitados que, en su propio estilo, recrean a las protagonistas; más comentarios de los seguidores, recogidos en twitter, y 3 posteos del blog “Crónicas de una pecosa”, por Carla Fox Aguilar, publicados bajo el alero del sitio web cabralesa.com, donde primero se dio a conocer la serie.

Cabra lesa, es una lectura ligera y entretenida, como esas comedias románticas que, entre risa y risa, cuentan no pocas verdades y contienen alguno que otro momento emotivo. Ideal para lectoras que también tienen dentro una “cabra lesa”, pero también para aquellos varones que han conocido (y querido) a una.

Comunicación de la A a la Z


Edison Otero y Ricardo Nuñez
Centro de Estudios Universitarios Uniacc - Catalonia

En un mundo cada vez más interconectado, dónde la mayoría de nosotros somos creadores y emisores de contenido medial (sea de nuestro pequeño emprendimiento, el trabajo, la institución en la que participamos, el evento que estamos apoyando, o nuestra propia vida “trasmitida en vivo” en las redes sociales), se hace pertinente que dominemos no solo los teclados de nuestro computador o teléfono, sino también el “idioma” y la lógica de todo este flujo comunicacional.

Es lo que nos propone este manual, ágil y accesible, construido como un diccionario, que nos ayudará a descubrir desde el significado de los emoticones más populares, las abreviaciones de msn y las extensiones de sitios web, hasta conceptos propios de la era de la información digital, así como autores y teorías que abordan la teoría comunicacional.

Este libro resulta útil para todos quienes hoy son comunicadores, a pequeña, mediana o gran escala.

JARDÍN


Pablo Simonetti
Alfaguara

Esta brevísima novela del escritor chileno Pablo Simonetti corresponde a la última entrega del mismo autor de las exitosas Madre que estás en los cielos y La razón de los amantes, y como aquellas, ha tenido una cálida recepción de los lectores.

En apenas 109 páginas, Simonetti nos presenta la decadencia de una familia. No una decadencia económica o social (en términos de prestigio), sino una desintegración de la amalgama que hace que un núcleo familiar merezca llamarse tal.

Juan ve con preocupación cómo su madre se ve acorralada por una oferta de compra de su casa, en Providencia, de parte de una inmobiliaria. El más entusiasta con la venta es su hermano Franco, en lo que recibe el apoyo optimista de su hermana Fabiola. Pero Luisa, la madre, quien viuda y con sus hijos ya adultos, vive sola con una empleada, se resiste, apegada como está al formidable jardín que ocupa sus días, estudios y labores.

En el jardín no solo está el pasatiempo evidente, sino también los recuerdos de su esposo e hijos en los tiempos en que habitaban la casa. En el fondo, el arraigo, la identidad, la pertenencia… el sentido.

Jardín funcionaría muy bien como pieza teatral, (de hecho se adaptó al teatro tiempo después que se escribiera la primera versión de esta reseña). Sin embargo la tenemos como libro, y pese a la “placidez” que pudieran aparentar los problemas de una familia acomodada de clase media capitalina, lo cierto es que se siente como una granada en las manos.

LA LADRONA DE LIBROS


Markus Zusak
Lumen

Este libro está narrado por la muerte. Como una testigo de la vida de los protagonistas –en rigor de todos–, la parca nos cuenta las andanzas de Liesel, una niña alemana que es entregada a una familia adoptiva, en plena persecución nazi a judíos, comunistas y otras minorías.

Liesel es testigo de la muerte de su hermano menor, que de no haber perecido durante el penoso viaje en tren que los llevara a su nueva familia, habría compartido destino en la casa de los Hubermann, en un barrio pobre de un pueblo cercano a Múnich.

Aunque la niña vive atormentada por el abandono de su madre, el no saber de su suerte, y la muerte de su hermano, es bien acogida por los Hubermann, en particular por Hans, el bonachón padre de familia, pintor de casas y ocasional intérprete de acordeón.

La niña encontrará, además, consuelo en la amistad que entabla con un vecino de su edad, Rudy, un pícaro y leal pretendiente y compañero de correrías y travesuras.

Pero nada reconfortará más a Liesel, en un nivel espiritual y estético, que la lectura. Aunque al principio de la historia no sabe leer, los misterios que guardan las hojas empastadas en un libro la fascinarán, y pondrá todo su empeño y método en dominar las letras, con la ayuda de su padre Hans, y eventuales colaboradores.

Nos obstante, en un contexto de guerra, como estaba entonces la Alemania nazi, y más aún en el seno de una familia pobre, la dieta de libros deberá ayudarse de algunos recursos poco ortodoxos, como el robo, en lo que Rudy será un fiel colaborador.

En tiempos aciagos, como lo es siempre la guerra y la persecución de inocentes, La ladrona de libros nos permite observar el trasfondo social de tal tragedia desde la perspectiva de la infancia. En tales circunstancias, la amistad, la solidaridad y la fidelidad a elementales convicciones parecen revelarse como el secreto para sobrevivir física y moralmente.

La ladrona de libros tuvo una versión cinematográfica, pero sus más de 500 páginas sufren una lamentable mutilación en las dos horas de película, que hacen poca justicia a la riqueza del libro, sus personajes y subtramas.

BAJO LA MISMA ESTRELLA


John GreenNube de tintaSe trató del fenómeno indiscutido del año 2014, superventas mundial que trajo a las librerías chilenas a su autor, un joven John Green, de quien en nuestro país también se han editado Ciudades de papel y Buscando a Alaska.

Hazel y Gus son dos jóvenes, ella de 16, él de 18, que se conocen en un grupo de apoyo que busca brindarles ayuda emocional para enfrentar el cáncer que ambos padecen. El de Hazel es uno terminal, que no obstante se ha estancado gracias a un tratamiento experimental. Gus pareciera tener controlado el avance del suyo, pero en la etapa más dura tuvo que perder una pierna para frenar el mal.

El tener que convivir con la muerte de un modo tan patente los ha hecho cínicos y algo escépticos, pero no por eso menos jóvenes e impulsivos: ambos viven anhelos, amistades, conflictos, pasatiempos… y un romance, que pese a las dudas iniciales, comienza a tomar vuelo.

Fascinados por la novela Un dolor imperial, intentarán contactar al autor para que les revele el final que en el papel dejó inconcluso. También ayudarán a su amigo, Isaac, que queda ciego por la misma enfermedad, lo que se une al abandono de su novia.

En 2014 se estrenó la versión cinematográfica de la historia, pero es importante advertir que la novela es mucho más cruda y honesta, sin perderse en su objeto de funcionar como lectura para el segmento juvenil. Vale la pena leerla.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Mafalda: una nena de más de 50 años



Antes que Lisa Simpson (de la popular serie animada “Los Simpson”) o Alex Dunphy (de la comedia “Modern family”) rescataran el estereotipo de la niña inteligente, suspicaz, mordaz y comprometida con su realidad social, el dibujante argentino Quino, en el fin del mundo, daba vida a la precursora indiscutida del modelo: Mafalda. Hablamos de una niña de clase media que desde 1964, y por tan solo 9 años, apareció en el formato de tira cómica en los medios de prensa trasandinos, invitando a reír y reflexionar a sus lectores sobre el acontecer nacional y mundial, con desparpajo y agudeza. En este artículo te contamos por qué Mafalda merece leerse y mantiene indiscutida vigencia.


Por Jorge Díaz Arroyo


MAFALDA

El 29 de septiembre de 1964 apareció la primera tira de Mafalda en la revista Primera Plana. Desde entonces los lectores debieron familiarizarse con una niña de unos 4 años, que aún no iba a la escuela ni sabía leer pero, sin embargo, planteaba a los adultos y a sí misma agudas preguntas y reflexiones respecto al devenir mundial, la política argentina de la época y los absurdos del mundo adulto. Todo en un contexto de Guerra Fría, aspiraciones y utopías sociales, inestabilidad política y golpismo en Sudamérica, hambruna y enfrentamientos bélicos en el Tercer mundo, y una suerte de revolución cultural, alentada por hitos como el hippismo, la píldora anticonceptiva, la emancipación de la mujer respecto a su rol tradicional, el Concilio Vaticano II, la música y el cine que derrumbaban antiguos estilos.

Mafalda vendría a ser, entonces, una idealista en cuanto a sus aspiraciones, una pesimista respecto al diagnóstico del mundo en que vive y una desencantada de las instituciones y estructuras que permitirían un cambio positivo del estado de cosas.

Pero no todo es preocupaciones. La petisa es una fans de Los Beatles (cuando estos eran un fenómeno vivo y no un clásico del pasado –hay que considerar que nuestro personaje cumple 50 años); comparte con una pandilla de amigos del barrio (algunos viven en el mismo edificio de ella–); con el tiempo sumará nuevas amistades; tendrá un hermanito (Guille); adoptará por mascota a una tortuga, a la que bautizará con el poco inocente nombre de Burocracia; irá a la escuela y aprenderá a leer (informándose desde entonces también por el diario, pues antes solo lo hacía por medio del “noticioso” que pasan por la radio). Aunque desprecia la televisión por no hacerla pensar, de todos modos es fanática de la caricatura El Pájaro Loco, lamentándose de que nunca lo premien con un Oscar. Un detalle no menor es que odia la sopa, sin conseguir que su madre deje de prepararla. Aunque mantendrá su aspecto físico, tras nueve años de publicación, Mafalda llegará al cuarto grado de educación básica, manteniendo su espíritu crítico, progresista y contestatario, sin por eso dejar de disfrutar con asuntos propios de la niñez, como la compañía de sus amigos, los panqueques y las vacaciones, que cada verano toma junto a sus padres.


LA FAMILIA

Como hija de una familia de clase media, Mafalda tiene como padres a una dueña de casa –que abandonó los estudios universitarios para casarse, cuestión que Mafalda le reprocha con regularidad y acidez–, y a un empleado de oficina, corredor de seguros, cuyo hobbie es la jardinería, que practica en macetas, pues viven en un edificio de departamentos, en un barrio residencial de San Telmo, Buenos Aires.

Ambos padres son buenas personas, correctos y amables, con las preocupaciones propias de una joven familia sin mayores aspiraciones que el bien común de los suyos. Pero es precisamente esta falta de relevancia la que hace que a menudo Mafalda manifieste un cierto desprecio por sus progenitores. Para la niña, la conducta de sus padres, de mirar sus propios asuntos, con indiferencia ante las cosas que suceden más allá de sus cuatro paredes, extendido es un factor nefasto que impide que el mundo no cambie para mejor.

No es infrecuente que Mafalda critique el conformismo con el rol de ama de casa de su madre, o consulte a cualquier hora de la noche a su padre por algún asunto nada sencillo que la desvela dejándolo perplejo. Con todo, la familia es unida y se aman unos a otros.

Un asunto llamativo es lo ocurrido con el hermano de Mafalda, Guille. En 1966 la tira informa que la madre de Mafalda está embarazada. Pero el mismo año ocurre el Golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía, en Argentina, cerrándose el diario El Mundo, que por entonces publicaba la serie. Cuando Mafalda vuelve a circular tiempo después, en el semanario Siete Días Ilustrados, Quino, en rebeldía, da por sentado el tiempo transcurrido, mostrando a Guille como un bebé ya inserto en la familia. Guille, como todo niño pequeño, es egocéntrico y ve el mundo como algo que gira enredador suyo. Comparte con Mafalda el tener una mente ocurrente y perspicaz, pero a diferencia de ella, gusta de la sopa. Con el paso del tiempo crecerá, dejará el chupete y será un integrante más de la pandilla de amigos.


LOS AMIGOS

Al principio de la tira, los amigos de Mafalda son tres.

Felipe es el más cercano. Un año mayor que Mafalda, ya va a la Escuela y por tanto sabe leer. Cuando, en las primeras entregas, Mafalda quiere saber algo que está escrito, le pide a Felipe que le lea. El muchacho vive en el mismo edificio que nuestra protagonista y comparte con ella algunos intereses, como los Beatles y jugar ajedrez. No obstante es algo flojo y siempre se encuentra agobiado por la Escuela y los deberes. Tímido y soñador, es fanático de El Llanero Solitario, y a veces se disfraza de él.

Susanita viene a ser una suerte de antítesis de Mafalda. Arribista, chismosa y despreciativa, su sueño máximo es casarse con un hombre acomodado, ser dueña de casa y tener muchos hijos. Aunque a veces exaspera a sus amigos, se mantiene como parte del clan.

Manolito es hijo del almacenero del barrio, y sigue sus pasos, pues sus padres le asignan varias responsabilidades en el manejo del pequeño negocio familiar, como atender y hacer los repartos. Aunque le va bastante mal en los estudios, muestra ingenio e iniciativa para resguardar los intereses del almacén, como, por ejemplo, idear disparatadas pero ingeniosas estrategias de marketing. A veces es inescrupuloso en los negocios, pero Manolito es una buena persona. Sufre algo de violencia física en su casa, en la forma de castigos por parte de sus padres, y ya resulta abusivo que le asignen más importancia a su rol en el negocio que a los propios estudios del niño. Manolito, en la historia, representa los (anti)valores del materialismo mercantil, y el conservadurismo chato: odia a los Beatles y prefiere lo que es tradicional.

Miguelito se integra más tarde al grupo de Mafalda. Es el menor, sin contar a Guille. Soñador (aún más que Felipe), pareciera estar siempre en la luna, preocupándose de temas algo absurdos y existenciales, muy pendiente de sí mismo y su lugar en el mundo (lo que evoca de repente a las elucubraciones de nuestro nacional Papelucho).

Libertad es el último personaje que se une a la pandilla de amigos. Mafalda la conoce en la playa, durante unas vacaciones, pero resulta que viven cerca en la ciudad, así que siguen viéndose. Libertad, aunque no es la menor en edad, es la más pequeña de estatura, toda una metáfora creada por Quino, en tiempos de represión política en Argentina. A veces más audaz que la propia Mafalda, Libertad a menudo raya en la desfachatez, con frases sentenciosa, desplegando gran autoconfianza.


LOS LIBROS

Joaquín Salvador Lavado, el verdadero nombre de Quino, luego de nueve años, se manifestó cansado de dibujar y escribir al personaje, cuestión que expresó incluso en la propia tira. Siendo consecuente consigo mismo, y con los valores defendidos por Mafalda, su creación, terminó de publicarla en 1973, evitando agotarla (y agotarse) por un cálculo comercial, pues la recepción de la serie nunca decayó. Fueron apenas 9 años que, no obstante, han transcendido hasta transformar a Mafalda en un clásico traducido a más de treinta idiomas, que sigue agotando ediciones y conquistando nuevos lectores por el mundo.

Quino ha reflotado a Mafalda en contadas ocasiones, siempre con el propósito de apoyar la campaña de alguna causa noble, como los derechos del niño, a instancias de la UNICEF, por ejemplo.

Las tiras han sido reeditadas en una colección de 10 libros, que en Chillán se encuentran en la Biblioteca Volodia Teitelboim para préstamo gratuito, y a la venta en librería Más Libros.

Por otra parte, la investigadora Sylvia Walger publicó junto a Quino, en 1988, Mafalda inédita, con tiras nunca antes incluidas en libros. Allí la autora da cuenta de los orígenes del personaje y, sobretodo, del contexto mundial, continental y nacional del periodo en que se publicó la tira, dando ejemplos concretos de alusiones contingentes a algún asunto público en la serie.

En suma, Mafalda es una mixtura de humor, excelente narrativa gráfica, y estimulante instrumento para despertar interés en niños y no tan niños por lo público, lo social y lo político. Pese a la visión crítica respecto a muchos temas, la serie está llena de ternura, lo que actúa como bálsamo de un mundo que no es perfecto, y que, por lo mismo, reclama nuestro compromiso en nuestro pequeño radio cotidiano en el que nos desenvolvemos.

Pese al aparente pesimismo, Mafalda nos reclama esperanza... y acción.

viernes, 27 de octubre de 2017

Libros de terror para leer con la puerta cerrada

Si en los ochenta Halloween solo era una fecha entretenida que aparecía en las películas y series yankees, en los noventa fue penetrando en nuestro terruño, impulsada por el comercio, para, ya en el siglo XX –junto al conejo de pascua– ser parte de nuestro calendario no oficial. Y es que la cultura es así, un sincretismo sin fin y sin límites: Para no ir más lejos, la cueca tiene raíces en África y la empanada en el mundo árabe. Por eso, para estar a tono con la fecha, hemos dedicado este artículo a la literatura de terror, uno de los géneros más fascinantes para grandes y chicos.


Por Jorge Díaz Arroyo

FRANKENSTEIN
Mary Shelley

Aunque es uno de los clásicos indiscutidos en el imaginario del terror, no todos saben que el monstruo “fabricado” con partes de cadáveres y “devuelto” a la vida por el Dr. Frankenstein, nace en la literatura, y que su autora es una mujer culta de apenas 18 años: Mary Shelley.

Más sorprendente es que la primera aparición de la criatura en la novela es… ¡en el Polo Norte! Y que, pese a su fisonomía amenazante, según la historia, el científico intentó dotarlo de cierta belleza, así como de inteligencia, y otras virtudes deseables en un “súper hombre”.

Pero Frankenstein es más que un relato de terror gótico para infundir miedo en el lector. La obra escrita en 1818 se considera la fundadora del género de ciencia ficción, pues sigue los pasos a un científico que, obsesionado con su proyecto, no discrimina los límites morales, éticos ni filosóficos para concretarlo. Si esto le suena familiar, es porque múltiples villanos, desde entonces, han seguido este arquetipo de “científico loco”: desde el Dr. Octopus en El Hombre Araña, hasta Mr. Freeze, en Batman, por citar dos ejemplos del cómic, nada más.

Al mismo tiempo, Frankenstein plantea al menos dos problemas mayores: uno, el límite de la ciencia, sobre todo cuando ésta se ejerce sin consideraciones éticas, y dos, como el prejuicio, abandono y rechazo a un ser, en principio inocente e inclinado al bien (como es el engendro creado por Frankenstein), lo va ahogando en la soledad hasta bestializarlo al grado de convertirlo en una amenaza para la sociedad (una analogía hoy muy pertinente para graficar el círculo vicioso que se produce entre marginalidad, falta de oportunidades, estigmatización y delincuencia).


EL GATO NEGRO
Edgard Allan Poe

Uno de los más reconocidos autores en literatura de terror es Edgard Allan Poe (1809-1849). Idolatrado por séquitos de lectores en todo el globo, durante su vida sufrió el desprecio de sus pares, muriendo miserablemente a temprana edad. Cierto es que su carácter, que variaba entre taciturno e iracundo, no lo ayudó a integrarse en círculos sociales ni literarios.

Con todo, hoy no hay duda de que se trató de un genio e innovador de las letras.

El gato negro y otros relatos es una compilación de tres de sus más famosos cuentos. Al del título se suma El pozo y el péndulo y Entierro prematuro. Todos están ilustrados por el artista argentino Luis Scafati.

En las tres historias encontramos a un narrador en primera persona, que nos cuenta –al principio muy compuestamente, luego en forma vívida y nerviosa– algún hecho escalofriante. Todo en un ambiente de creciente angustia y opresión (material o sicológica).

Así vemos a un hombre que descarga su brutalidad en un gato; otro que vive los acuciantes momentos de su condena fatal y un tercero que está atemorizado por la posibilidad de ser, por error, enterrado en vida en un sepulcro.

Pese a lo pesadillescas de estas imágenes, Poe da muestras de cómo se puede escribir el miedo con elegancia y maestría.


DRÁCULA
de Bram Stoker
Michael Burgan (adaptador)

Si el león es el rey de la selva y Superman el superhéroe por antonomasia, entonces –qué duda cabe– Drácula es el monstruo más emblemático en el mundo occidental.

Escrita en 1897 –muy posterior a Frankenstein– por Bram Stoker, el personaje principal se inspira en Vlad Draculea, también conocido como Vlad Tepes, Vlad III o el decidor apodo de Vlad el Empalador: un príncipe de Valaquia (hoy sur de Rumania) famoso por su severidad y la crueldad de sus recursos. Recoge además cuentos del folclor, leyendas y supersticiones.

La versión que reseñamos es una adaptación al cómic de la novela original, orientada al público infantil y juvenil, a cargo de Michael Burgan en la historia y de José Alfonso Ocampo en los dibujos. Incluye, además, datos del autor de la pieza original, glosario, información ampliada acerca del vampirismo, preguntas para debatir, y algunas propuestas de escritura, que estimulan la imaginación creativa de los jóvenes lectores.

La trama conserva íntegra la estructura general del original, con la natural adaptación y  simplificación propia del público al que va dirigido y la dinámica de la narrativa gráfica. Para tranquilidad de los padres, logra cautivar sin caer en lo perturbador o inapropiado. Se puede lamentar, eso sí, que el final resulte un tanto abrupto y carente de epílogo.


DR. MORTIS
Juan Marino

No estaría completa esta reseña si no nos detuviéramos en el ícono más emblemático del género de terror en nuestro país. Y ese no es otro que el Dr. Mortis.

Creado por el puntarenense Juan Marino en 1945 para el entonces popular formato de radioteatro, el personaje y su “universo” llegaron a la historieta en 1967, siempre con Marino y su esposa Eva Martinic, en algunos episodios, como autores de sus relatos.

Más que un personaje en sí, Mortis es una suerte de ente, de fuerza inasible, de encarnación del mal, que en la medida que avanzan los números de sus revista, va tomando la personificación de un hombre reconocible… bastante inspirado en el ícono del terror en el cine de los 50 y 60, Vincent Price (actor en el film La casa de cera, y la voz tenebrosa del clip Thriller, de Michael Jackson, entre otras apariciones).

¿Quién se ha llevado mi queso?

Spencer Johnson
Empresa Activa

Publicado en 1998, este título es sin duda uno de los hitos de, por un lado, los libros de autoayuda, y por otro, los textos de gestión de empresas (ya sea en su vertiente estratégica o de recurso humano). Y es que la sencilla (pero profunda en sus significado) historia protagonizada por los humanos Hem y Haw y los ratoncitos Fisgón y Escurridizo, encierra lecciones útiles para la vida privada y laboral.

Hoy se dice que nada es permanente, todo se transforma (es el caso de mirar lo que acontece con la tecnología), y precisamente este libro nos muestra con qué actitud encarar el cambio, y que trampas en nuestras conductas y reacciones debemos evitar y superar (el miedo, la inacción, la repetición de las mismas estrategias ya caducas). La llaneza de su lenguaje lo hace un clásico vigente, apto para un público amplio en edad e intereses.