miércoles, 10 de febrero de 2010

LAVIN: ¿Una Buena Opción para el Ministerio de Educación?


El Presidente electo, Sebastián Piñera, acaba de anunciar a los ministros que lo acompañarán en su gobierno, entre ellos, por supuesto, al de educación, cargo que ocupará Joaquín Lavín.

Más allá de toda retórica electoral, es sabido que el cambio que puede llevar a Chile a un futuro de desarrollo, progreso y justicia social es el que ocurra en la educación, y no en las políticas antidelincuencia (problema que, no obstante, es real y se conecta al anteriormente mencionado).

Las mejoras necesarias en el sistema educativo nacional, para lograr un impacto sustantivo en su calidad (trátese de establecimientos municipalizados, de financiamiento compartido o particulares) deben ser estructurales y decididas, y traerán, naturalmente, las protestas legítimas y esperadas de los diversos actores del sistema, propios de una reforma de esta envergadura.

No obstante, al analizar la figura de Lavín en el cargo que deberá llevar a cabo estás esperadas transformaciones, surgen algunas dudas sobre la conveniencia de su elección.

En primer término -y digamos las cosas como son- luego de dos candidaturas presidenciales por la centro derecha, Joaquín Lavín despierta el rechazo de gran parte del profesorado colegiado (no de todos, por supuesto) lo que hace que un Ministerio difícil, y que debiera liderar estos cambios, se vuelva aún más complejo.

Luego, está la posibilidad -que cabe a todos los ministros- de que éste fracase en su gestión o no esté a la altura de las expectativas, lo que sugeriría su salida del cargo para así destrabar y dinamizar la labor del Ministerio. Es su misma condición de figura emblemática de ex candidato presidencial la que hace, al menos políticamente, difícil o compleja una eventual salida del nuevo Ministro ante un escenario como éste (figúrese el lector a Barack Obama sacando a Hillary Clinton de su cargo de Secretaria de Estado).

En tercer lugar, está la propia consciencia de Joaquín Lavín de lo que es como capital y figura política. ¿Querrá el nuevo Ministro exponerse a la dura y sostenida crítica de actores influyentes del sistema educativo al llevar a cabo cambios profundos en el sistema educacional, haciendo menguar de este modo su popularidad -el mayor capital que posee-?

Es posible especular, entonces, que para el cargo, el nuevo Presidente hubiese mejor optado por una figura que fuese un tanto más novedosa para/en el ambiente político, de indudable mérito “técnico” en el ámbito educacional, a quien haya podido “blindar” políticamente y quien no estuviese tan expuesto a la crítica fácil y a priori, ni constituyese un actor político desequilibrante en si mismo.

De así haber sido, Se tendría un camino más despejado para enfrentar las reformas estructurales profundas que el país tanto necesita en el sistema educacional.

Esto, suponiendo que en la agenda del Presidente electo figure un cambio sustantivo en esta área, y no más cosmética.
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Fotografía: Cooperativa.cl