domingo, 28 de agosto de 2011

El gobernador de Ñuble y los recursos invertidos en su posicionamiento


En medio de críticas a su gestión y rumores de una eventual carrera parlamentaria, el Gobernador de Ñuble, Eduardo Durán, sigue pagando para ser rostro y posicionarse, aparentemente con dinero de su repartición aportado por todos los contribuyentes.

No le ha bastado con haber puesto en diciembre pasado un lienzo con su figura, acompañado de niños para navidad; ni con haber recibido como obsequio a la gobernación un vehículo de parte de su papá, que curiosamente estaba estampado por todos lados con su rostro.


Ahora, y luego de hacer lo mismo en otras revistas, lo hemos visto como portada en una magazine local de papel couché, NOS Magazine, revista que sabemos, como otras de "negocios" en nuestra provincia, cobra por la realización de publireportajes.

Sería bueno esclarecer ante la opinión pública el origen y legalidad de estos gastos ¿En contraloría que opinarán?

viernes, 5 de agosto de 2011

Reconocimiento a Hospital Herminda Martín de Chillán



Es justo en esta tribuna no solo señalar aquello que es deficiente, malo o inadecuado, sino también resaltar lo positivo. En ambos casos, como ciudadanos, creo, hacemos una contribución.

En ese marco quisiera comentar mi experiencia en el Hospital Herminda Martín de Chillán donde me operé de emergencia hace unos días de una peritonitis.

La operación no solo fue exitosa, sino además, toda la atención pre y post cirugía fue amable, pertinente y profesional. Particularmente la hospitalización, luego de la intervención quirurgica, me permitió apreciar en carne propia, como también respecto a la atención dispensada a los otros pacientes con los que me tocó compartir sala, la gran calidez, entrega, vocación y profesionalismo de todos quienes allí trabajan: médicos, internistas, nutricionistas, enfermeras, asistentes de enfermería, personal de aseo y servicios, guardias, etc.

Supongo que más de alguien habrá tenido una experiencia distinta a la mía, pero en lo personal, solo tengo un profundo reconocimiento y gratitud.

Creo que exponer esto (y dar la retroalimentación al hospital) podrá servir positivamente al recinto para mejorar cada vez más y además aportar para que como comunidad tengamos una mejor calidad de vida, donde la salud tiene un lugar muy importante.

(En base a una carta publicada en el diario Crónica Chillán el día viernes 5 de agosto)

miércoles, 27 de julio de 2011

El Teatro Municipal de Rengo: Entre la oportunidad y la amenaza


“Con todo, el Teatro Municipal de Rengo podría tener aún más vida, mejores recursos, que a la larga le significaran mayores ingresos; una planificación anual, coherente; con las alianzas y convenios con empresas e instituciones que el desafío requiere, justifica y amerita; medidas que en conjunto pongan en valor el recinto… porque se vienen tiempo de amenazas”

Cuando hablamos del Teatro Municipal de Rengo hablamos, nada menos, que del mejor escenario de la región de O’Higgins y, obviamente, también, del principal baluarte de nuestra comuna en cuanto a infraestructura cultural. Tras su última refacción integral (1999 – 2000), quedó en su momento como el mejor teatro de Chile en provincia (no se intervenía aún el Regional de Talca).

Aunque hoy carece de algunos elementos que le sacarían mejor partido a su infraestructura, dimensiones y acústica (por nombrar una: el telón de boca), cada vez que es visitado por experimentados artistas estos no pueden dejar de admirarse por las bondades técnicas (de diseño) y estéticas del recinto, cual fue el caso del cantautor Eduardo Gatti o el guitarrista Carlos Ledermann, quienes lo elogiaron una y otra vez en sus recientes visitas, arriba y bajo el escenario.

No obstante, por muchos años, cuando ya refaccionado dejó de usarse como cine (algo que muchos lamentamos y para lo cual, la verdad, no veíamos mayor incompatibilidad de uso) esta joya corrió el peligro de volverse un lujoso elefante blanco en medio de nuestra ciudad.

Afortunadamente, y de un modo in crescendo, las últimas administraciones municipales, mediante acuerdos con empresas, entidades, compañías, o el mismo Consejo de la Cultura han ido poco a poco incorporando a su cartelera diferentes tipos de espectáculos que le han dado uso. Así mismo, ha sido escenario para presentaciones de elencos locales, ya sea escolares, comunitarios, amateur o profesionales, en ballet, música, teatro y otras expresiones artísticas. Además, importantes entidades como CGE Distribución ó la Corte de Apelaciones de Rancagua celebran sus actividades culturales regionales (conciertos o su gala anual, respectivamente, este año) en nuestro teatro… por ser el único de envergadura en la región y contar con las condiciones para ello.

La Corporación Cultural de Rengo también ha hecho lo propio desarrollando en los casi dos años desde su reactivación variados eventos, uno de ellos nada menos la presentación de la Ópera de Beijing de Tianjin, espectáculo internacional venido directamente desde China para conmemorar los 40 años de relaciones entre ese país y el nuestro. Los eventos de la CCR realizados en este periodo han gozado fundamentalmente de tres elementos indispensables: una impecable organización, una gran calidad en la producción y la cálida y masiva respuesta del público.

Hasta empresarios artísticos (profesionales y otros más aficionados) se han atrevido a emprender con diferentes espectáculos (y suerte) en el Teatro Municipal de Rengo, adquiriendo experiencia, éxitos y uno que otro fracaso, más el legítimo lucro por la actividad, porque, señores, el arte no es solamente para hacer eventos benéficos. Los artistas, cultores y productores merecen que se asuma por parte de la sociedad su actividad como la de cualquier otro profesional; mismo profesionalismo que debe exigírseles en sus realizaciones y producciones.

Con todo, el Teatro Municipal de Rengo podría tener aún más vida, mejores recursos, que a la larga le significaran mayores ingresos e impacto social; una planificación anual, coherente; con las alianzas y convenios con empresas e instituciones que el desafío requiere, justifica y amerita; medidas que en conjunto pongan en valor el recinto… porque se vienen tiempo de amenazas.

Con toda justicia, en una política que es nacional, el gobierno ha anunciado la creación de un moderno teatro en la ciudad de Rancagua (a 28 kilómetros de distancia de Rengo), el cual tendrá un carácter de regional. Así mismo, se espera que el estado, una vez que estos recintos ya estén operativos, genere para esta decena de teatros que travesarán el país (Se construirá prácticamente uno por cada capital regional), itinerancias de conjuntos y solistas de diferentes manifestaciones artísticas, ya sean nacionales o extranjeros, que le aseguren así una parrilla programática constante, anual y fluida. Si no hay un oportuno posicionamiento del Teatro Municipal de Rengo, como uno con valía propia, todo indica que quedaremos excluidos de esta cartelera, resignados a ser escenario de heladas licenciaturas de colegio y uno que otro evento, eclipsado siempre por el poderoso, mediático y posesionado programa del proyectado teatro regional rancagüino.

En vez de eso, debiéramos buscar la sinergia entre los dos escenarios, pero esto no se logrará si primero no posesionamos lo propio.

Tenemos aproximadamente dos años para que Rancagua tenga su teatro, merecido, como ya dijimos. La cosa es qué hacemos como comunidad renguina y de los pueblos aledaños, para, en este lapso, consolidar nuestro teatro municipal como un referente ineludible en el colectivo general; como el teatro que alberge enormes experiencias y recuerdos, así como comodidades y garantía de calidad (lo que en definitiva fideliza a la audiencia y define todo en cuanto a preferencia y vigencia de un recinto de estas características).


Dejar de utilizarlo como estadio para mirar partidos de la selección en pantalla gigante, parece obvio, pero eso por sí solo no logrará el objetivo. Usarlo como lo que es, un lugar para la expresión de las artes, particularmente las escénicas, y no como centro de reuniones, asambleas o seminarios, para lo cual bien podría haber otros y más cómodos espacios (y en Rengo los hay), sin duda, también ayuda, pero no es lo clave.

Lo fundamental es que autoridades, usuarios (público), artistas, gestores, organizaciones afines, productores (serios, no los truchos), etc. fortalezcan y nutran al recinto con eventos relativamente periódicos, que reúnan tanto las manifestaciones artísticas y creativas de los talentos locales (que los hay en abundancia) como de los externos, pero, que sobretodo, impriman en cada una de estas actividades y emprendimientos, calidad, organización y producción. La confluencia de estos tres elementos (calidad, organización y producción) es lo que hace que el público (en definitiva, quien manda) prefiera una recinto u otro, y diga, “acá yo prefiero venir; conozco este teatro desde hace tiempo, acá se hacen buenas cosas, las saben hacer, las he vivido, la he pasado bien y nunca me he ido defraudado”.

Mientras se deciden quienes deben actuar al respecto, el tiempo corre…

viernes, 22 de julio de 2011

Estudiantes movilizados ¿irresponsables o precursores de un cambio necesario?



"En mi opinión, estos jóvenes movilizados, en Rengo o en cualquier lugar, no están perdiendo el tiempo, no son cabros que sacan la vuelta o están viviendo una aventura inmadura, infantil o irresponsable… muy por el contrario, demuestran una rara vocación social. Si han radicalizado sus posturas, si desconfían de las promesas para bajar las movilizaciones, es porque saben que el movimiento que les antecedió el 2006 terminó en nada o en muy poco"


En las últimas semanas se han manifestado en Rengo por diversos medios de prensa la preocupación de algún grupo de apoderados e incluso alumnos, por los efectos de las pérdidas de clases producto de los paros y/o tomas producidos en el marco de las movilizaciones estudiantiles que buscan, en síntesis, mejorar las condiciones de calidad, accesibilidad y financiamiento de la educación básica, media y superior.

La preocupación es comprensible y, hasta cierto punto, meritoria, por cuanto demuestra interés de los padres y/o apoderados por el rendimiento y futuro de sus pupilos.

No obstante, es precisamente el motivo de las demandas y los sacrificios que su defensa y sostenimiento implican para los estudiantes, lo que debiera llevarnos a una reflexión más honda de la naturaleza y mérito de estas movilizaciones y lo que ellas en definitiva buscan.

Es un dato de la causa, la mala calidad general de la educación en Chile, particularmente la que reciben los sectores más vulnerables de la población; paradojalmente si pensamos que es la educación la herramienta que les debiera permitir un progreso integral en sus condiciones y calidad de vida. Esta tarea urgente, ha sido sistemáticamente ignorada por los diferentes gobiernos de turno.

Para las elecciones presidenciales donde resultó elector Ricardo Lagos, en los debates y foros el tema fue reconocido por todos. Personalmente, como estudiante universitario, fui uno, entre miles, que marché pacíficamente voceando la consigna “¡Financiamiento, acreditación, otra fraude de la concertación!”, Incluso protestamos al interior del congreso el día de la votación del proyecto y en mi entonces calidad de dirigente estudiantil me reuní con diputados, ministro y la comisión de educación de la Cámara para exponer nuestros puntos de vista. Métodos republicanos, sin duda.

Entonces, alertábamos que era justo dar un sistema de financiamiento para los estudiantes de instituciones privadas (centros de formación técnica, institutos superiores y universidades no tradicionales), sin embargo lo que el estado en ese momento proponía era un sistema o modelo perverso, que hacía financiar tal política en la banca, como un crédito privado y usurero, apenas maquillado como “con aval del estado”. El tiempo nos ha dado la razón y ante las presiones de los actuales estudiantes -secundarios y universitarios- el ejecutivo acaba de enviar al congreso indicaciones para corregir (no abolir ni reemplazar) dicha ley de financiamiento, declarando que aspira a bajar la tasa de interés a ¡un 4%!. Cuando en su minuto nosotros protestábamos contra la iniciativa, el entonces proyecto fue aprobado y hoy es una ley que se intenta corregir.


Nuestro segundo reclamo, la acreditación, resultaba también una tarea necesaria, por cuanto pretendía certificar la calidad de los planteles educativos, pero en la forma es como estaba diseñada y propuesta, llena de gruesos errores estructurales (ver por ejemplo el triste caso de la Universidad Técnica Metropolitana), era tremendamente distorsionadora, ya que se exigía a instituciones de muy diversa condición, misiones y recursos, someterse en un tiempo exiguo a un proceso exigente (cosa buena); no obstante algunas de ellas -las estatales- se encontraban desamparadas para enfrentarse a las condiciones del reto. Me explico. Las llamadas universidades estatales reciben menos del 20% de financiamiento del estado. El resto lo paga usted, si es que tiene un hijo que estudia allí. Si no es el caso, valga decir que el resto lo pagan los estudiantes y sus familias (proporción que es única en un sistema universitario en el mundo y que deja el término de “estatal” en un limbo difícil de explicar).

Así y todo, y a costa de grandes sacrificios, las universidades estatales, fieles a sus principios, suelen ser las de aranceles más económicos y de las que mayor investigación desarrollan, como también son las que suelen imprimir en sus estudiantes una formación integral (extra docencia) más completa. En tal escenario, la ley de acreditación, insisto, necesaria en cuanto a certificar la calidad de los planteles, pero inequitativa en cuanto a su diseño, equivale al siguiente ejemplo, si me permiten explicarlo con “peras y manzanas”:

Un padre (el estado) organiza en su barrio un concurso, una competencia física (La acreditación). Les explica a todos los niños y niñas participantes las bases, y que le pidan a sus padres (sus sostenedores: fundaciones, entes privados, directorios, etc.) que los apoyen y que el día “X” comienza la competencia, la que será muy exigente. Pues bien, nuestro organizador es a su vez padre de cuatro niños (las universidades estatales) que serán participes de la competencia, pero quienes, no obstante, reciben de él, su padre, apenas un 20% de los recursos necesarios para prepararse para el evento, mientras los sostenedores de los otros competidores invierten todo lo que tienen disponible en que sus representantes salven con éxito el desafío. Estos niños, los hijos del organizador, que serán sometidos a las misma exigencias que los otros y no obstante suponerse tienen quien los apoye (el estado), en verdad no reciben ese apoyo. Así y todo se someten al proceso, arreglándoselas como pueden con ese 20% y lo que “machetean” de algunos transeúntes (en este caso los estudiantes que estudian allí) y en la mayoría de los casos lo salvan exitosamente: consiguen la acreditación, en muchos casos, incluso, con mejores resultados que los que si contaron con mayor amplitud de apoyos.

Más o menos eso ha sido el proceso de acreditación. El estado acredita, pero deja solas a las universidades que en teoría dependen de él, precisamente cuando nos encontramos en el siglo de la investigación y el conocimiento. El problema, es que, pese a haber sido acreditados, los planteles estatales mantienen los mismos índices de ayuda estatal y así y todo se les exige cumplan con sus objetivos públicos (calidad, accesibilidad, investigación, formación integral). Lo que en simple significa el siguiente mandato: “dele educación superior de calidad a bajo precio a estudiantes de bajos recursos, ¡pero cobrándoles para financiar esa actividad a los mismos estudiantes de bajos recursos!.


Para las elecciones en que fue electa Michelle Bachelet, misma cosa, se pontificó en los foros y debates sobre el flagelo de nuestra mala educación, pero no se hizo nada sino hasta la irrupción de la explosión de las demandas de los estudiantes secundarios, la “revolución pingüina”. Ya sabemos que luego de haber puesto el tema en el tapete y lanzar cortinas de humo y comisiones estériles por los viejos políticos del siglo pasado, la demanda tuvo apenas cambios cosméticos que, juzgue usted, no hicieron gran diferencia entre el momento previo a la revolución estudiantil y lo que vivimos hoy. Es cosa de mirar con atención para constatar el virtual status quo tras la movilización de 2006, que terminó llena de promesas y declaraciones de buenas intenciones.

Por último, están los problemas propios de los estudiantes secundarios. Un artículo publicado por la periodista Irene Padilla en el diario El Rancagüino “Las penas y pobrezas de dos liceos sanfernandinos” (Edición especial Colchagua al Día, 14 de julio de 2011, página 11) da cuenta de los increíbles problemas de dos liceos públicos de la capital de Colchagua: uno con filtraciones de aguas servidas en plena sala de clases y fecas de ratones en el comedor y baños y otro con un laboratorio escolar de lujo ganado a través de un concurso, el que no se ha implementado tras años, porque aparentemente el municipio se gastó los recursos asociados a la implementación del mismo, los cuales también fueron entregados por la entidad benefactora como parte del premio.


A los asuntos de infraestructura se suma el hacinamiento en las salas de clase; la mala calidad docente (tema para otro y largo análisis por sus múltiples aristas); la dependencia directa de un organismo estatal especializado en educación que les garantice prioridad y los aleje de la a menudo deficiente administración municipal; los recursos, espacios y apoyo a actividades de formación integral propias de los jóvenes (y de tanta relevancia); el uso efectivo de la tarjeta nacional estudiantil, y entre otras cosas, todo lo relativo a la educación superior que es la realidad que, a los que quieran proseguir con sus estudios, les espera.

En mi opinión, estos jóvenes movilizados, en Rengo o en cualquier lugar, no están perdiendo el tiempo, no son cabros que sacan la vuelta o están viviendo una aventura inmadura, infantil o irresponsable… muy por el contrario, demuestran una rara vocación social, difícil de encontrar en los no tan lejanos ‘90s cuando abundaba el “no estoy ni ahí”.

Si han radicalizado sus posturas, si desconfían de las promesas para bajar las movilizaciones, sin son más perseverantes en las “medidas de presión” es porque saben que el movimiento que les antecedió el 2006 terminó en nada o en muy poco.

Ellos entienden con madurez y pragmatismo (de mirada a mediano-largo plazo, si se quiere) que, incluso, más vale perder un año escolar se a cambio se gana una vida de oportunidades y una educación de calidad -para ellos y para las nuevas generaciones-. Pues, con honestidad y en estricto rigor, los años perdidos en verdad son aquellos en que, suponiendo haber recibido educación, lo que tuvimos fue un remedo de ella (los 12 juegos, como los llamaban Los Prisioneros en los 80’s, cuya realidad no ha cambiado mucho).

Más que mal, si los estudiantes se bajaran ahora de las movilizaciones, sin respuestas concretas y satisfactorias que comprometan cambiar el modelo educativo que lleva más de 40 años de fracaso, no solo el esfuerzo y el desgaste habrá sido en vano, sino, de seguro, en 5 años más, tras más mala educación, promesas incumplidas, mesas de diálogo estériles, comisiones y diagnósticos inútiles, sus hermanos menores, con más ganas, con más rabia, con más fuerza volverán a luchar, a tomarse los mismos liceos y colegios, pidiendo una educación más justa, más digna, más igualitaria.

La misma que sus mayores buscaron y estuvieron a punto de alcanzar el 2011… pero les bajaron antes.

domingo, 19 de junio de 2011

Sobre el libro "Comer Animales" de Jonathan Safran Foer


Rara vez publico en este medio un contenido que no haya sido escrito por mi, pero en virtud de la calidad de los argumentos, la identificación que siento con los mismos, su relevancia y la nobleza de la causa tratada, hago la excepción. Esto lo tomé de el diario El Mercurio de Santiago (Chile) el 19 de junio de 2011.

"Comer animales" En su último libro, el autor disecciona la industria de la carne

JONATHAN SAFRAN FOER Y SU LUCHA CONTRA LAS FÁBRICAS DE ANIMALES


Criaturas saturadas de hormonas que las hacen crecer a diario 400 veces más rápido, pollos manipulados genéticamente que no pueden caminar, cerdos confinados en jaulas donde no pueden moverse y gallinas criadas en espacios del tamaño de una hoja de computador. La imagen que el libro "Comer animales" muestra de las granjas industriales de Estados Unidos es más la de fábricas de muerte que fábricas de alimentos. El famoso escritor Jonathan Safran Foer investigó la industria cárnica y no sólo decidió nunca más comer carne, sino que llevó este incómodo tema al debate público.

Por Evelyn Erlij

En medio de la nada, en algún pueblito de la Ucrania rural, un extraño gringo veinteañero está en la mesa de una desierta posada en busca de comida. Lo acompañan Alex y un anciano, con quienes anda tras la pista de Trachimbrod, el lugar de donde emigró su abuelo. "Una cosa deberían saber... soy... cómo decirlo...", explica tímidamente el joven. "¿Un hambriento?", le pregunta Alex. "Soy vegetariano", le espeta a sus anfitriones. Así comienza una conversación de sordos marcada por la incomprensión de los comensales (y de la señora que atiende el restaurante, quien dice que sólo hay carne con papas y que las papas se sirven sólo con carne). El nombre del personaje que no come animales es Jonathan Safran Foer, el mismo del autor de esta novela, titulada "Todo está iluminado".

Luego de publicar dos libros de ficción, de gran éxito de crítica y ventas, el novelista estadounidense de 34 años se aventuró a escribir un híbrido entre ensayo y reportaje sobre un tema que lo perseguía desde su infancia: comer o no comer carne, una inquietud, que como se ha visto, había tratado en su novela debut. La decisión de meterse en un tópico tan incómodo surgió cuando, junto a su esposa, la escritora Nicole Krauss, decidieron tener un hijo.

Safran Foer quería saber con exactitud y concreción de dónde provenía la comida con la que alimentaría a su primogénito. Una pregunta que nadie quiere hacerse, y que de hecho se refleja en que algunos no quieran leer su libro por temor a convertirse en vegetarianos. El miedo a conocer el origen de los alimentos que pasan por nuestros estómagos; esa idea de suprimir la conciencia en favor del deseo de comer es lo que Safran Foer intenta combatir en "Comer animales".

El escritor pasó tres años investigando, entrevistando y realizando observaciones de campo en granjas industriales y familiares con el fin de conocer el proceso de producción de la carne y el negocio por dentro. No fue una decisión fácil. Así como él mismo optó por un menú carnívoro para su matrimonio y comió sushi en su luna de miel, todas sus historias de vida estaban ligadas a la comida: el pollo con zanahoria de su abuela, el guefilte fish (albóndigas de pescado) de Pésaj (pascua judía), el pavo del Día de Acción de Gracias.

"La comida es cultura, hábito e identidad", escribe el autor. "La ética de la alimentación es tan compleja porque la comida se relaciona tanto con las papilas gustativas como con el gusto, con biografías individuales y con la historia social". El hecho de comer o no comer animales nos afecta profundamente, dice Safran Foer, pues la carne "está vinculada con la historia de quienes somos y de quienes queremos ser, desde el libro del Génesis a la última factura del supermercado. Propone significativas cuestiones filosóficas y es una industria que factura más de 140 mil millones de dólares al año", dice el escritor.

Pero ese no es el punto más complicado, según explica: "La elección de los alimentos viene determinada por muchos factores, pero la razón (incluso la conciencia) no suele ocupar los primeros puestos de la lista". Esto, porque nadie asocia un jugoso bistec con el sufrimiento del ganado al que pertenece ese trozo de músculo, y menos aun considera que lo que meterá a su boca será, dicho sin rodeos, un pedazo de cadáver de animal.

Crear conciencia sobre la "carne torturada" que produce el sistema industrial ganadero es la meta de Safran Foer -de aquí que invierta más de la mitad del libro en describir los aterradores procedimientos de las granjas industriales-, pero es claro en afirmar que su libro no es una defensa a ultranza del vegetarianismo, a pesar de que es su opción de vida: hoy, su hijo de 5 años no come carne, como tampoco él y su esposa.

Pollos mutilados


Alimentarse o no de animales no es un tema nuevo. El término "vegetariano" data de 1842, aunque la práctica comenzó a popularizarse en los años 60, con el explosivo interés hacia los derechos humanos y animales, como también hacia las costumbres hinduistas, budistas y de otras corrientes espirituales que abrazan el vegetarianismo. Mucho se ha escrito sobre el tópico, desde "Liberación animal", publicado en 1975 por el filósofo Peter Singer -libro esencial de movimientos como Peta (Personas por el Trato Ético de los Animales)- hasta "El animal que luego estoy si(gui)endo" de Jacques Derrida.

También hay textos más recientes como "El dilema del omnívoro", de Michael Pollan, y el terrorífico "Fast Food Nation" del periodista Eric Schlosser, dos libros que sirvieron a Safran Foer en su investigación. Pero la novedad de "Comer animales" es que este popular novelista no sólo convierte el dilema de la carne en una narración por momentos literaria, sino además baja el tema desde la academia y el periodismo hacia una amplia población de lectores que, si no fuera por la atracción que causa su famosa pluma, no se acercarían a un libro sobre comer animales.

Las páginas del texto están atiborradas de datos duros. Entre ellos, se cuenta que el 99 por ciento de la carne que se come en Estados Unidos proviene de granjas industriales, un "sistema de ganadería industrializada e intensiva en el cual los animales -a menudo alojados por decenas o cientos de miles- son criados genéticamente, se encuentran restringidos en su movilidad y son alimentados a base de dietas antinaturales".

Si bien este mecanismo de producción ha bajado considerablemente el precio de la carne, sus costos "externos" en animales y en humanos han sido muy altos, algo que Safran Foer deja en claro con ejemplos extremadamente gráficos: desde pollos a los que se les mutila el pico para evitar el canibalismo provocado por el estrés del hacinamiento, hasta vacas que son desolladas, desangradas y descuartizadas vivas porque el método de aturdimiento falló, algo no tan poco común, según explica.

El ejemplo de la producción avícola es uno de los casos más crudos: "Antaño estas aves tenían una esperanza de vida de quince a veinte años, pero el típico pollo de hoy muere aproximadamente a las seis semanas", escribe el autor. Él mismo fue testigo de la miseria de una granja de pavos, en la que se infiltró con una activista, experiencia que comparó a la de un grupo de humanos que se queda encerrado en un ascensor -algunos se vuelven locos, otros mueren asfixiados, unos practican el canibalismo y otros no pisan el suelo por el hacinamiento- cuyas puertas se abren sólo al final de sus vidas.

La crueldad del sistema llega a niveles sádicos; de aquí que leer el libro se convierta a menudo en una pesadilla, aunque una pesadilla necesaria, cree el autor, sobre todo en un mundo en que se está consumiendo más carne que en cualquier otra época de la historia, al mismo tiempo que la obesidad va en alza (sólo Kentucky Fried Chicken compra al año casi mil millones de pollos). El problema para Safran Foer no es sólo que animales vivos están siendo tratados como si estuvieran muertos, sino además que existe una total negación de la realidad -por algo nadie quiere saber cómo funciona un matadero- y una ausencia de decisión (comer o no comer) cuando se consume carne.

Aquí cita a Derrida: "Nadie puede negar en serio (...) que los hombres hacemos lo que podemos con el fin de disimular esta crueldad [de la producción de carne] o de ocultarla ante nosotros mismos, con el fin de organizar el olvido de esta violencia a escala global". El secretismo de las granjas industriales es, para Safran Foer, la clave de su éxito: mientras la gente no sepa cómo se procesa a los animales, seguirá teniendo en mente la imagen inocente de las granjas al estilo de "La casa en la pradera" y no las industrias sangrientas que se asemejan más a la escenografía de "Blade Runner".

Kafka y los peces

El autor de "Comer animales" advierte que no es activista y que tampoco es un amante de los animales, pero aun así algunos críticos en Estados Unidos e Inglaterra lo han acusado de plantear argumentos "sentimentales" a la hora de convencer al público de no comer carne. En parte, porque pregunta al lector por qué una persona come un animal inteligente como el cerdo y no se come a su propio perro (en Filipinas es considerado "un manjar"). Pero también por su rechazo hacia el sufrimiento animal.

No obstante, no es el único escritor sensible frente al tema. Un caso célebre es el de Kafka, también vegetariano, quien cuando visitó el acuario de Berlín le dijo a los peces: "Ahora al menos puedo miraros en paz, ya no os como". Safran Foer dice al respecto: "los cuerpos de estos animales cargaban, en opinión de Kafka, con el peso del olvido de todas esas partes de nosotros que preferimos olvidar. Cuando deseamos expresar desaprobación por una parte de nuestra naturaleza, la llamamos 'naturaleza animal', y nos dedicamos a reprimirla u ocultarla".

A pesar de que el libro es muy decidor en cuanto a cifras -la industria ganadera es la culpable número uno del calentamiento global y contamina un 40 por ciento más que todo el sector del transporte junto-, "Comer animales" ha generado una gran controversia en los grandes países productores del Hemisferio Norte. Nadie cuestiona el efecto ambiental de la producción en masa de carne, pero se ha debatido mucho sobre las implicancias biológicas, morales y éticas del consumo de carne.

Jay Rayner, de "The Guardian", le reclama a Safran Foer no considerar que el consumo de proteínas animales permitió a nuestros ancestros erguirse en sus dos pies e incrementar su capacidad intelectual. En tanto, el escritor Frédéric Beigbeder, en Le Figaro, le respondió con 16 razones para comer carne. Algunas, irónicas: "porque ningún animal ha escrito 'Las flores del mal'", "porque comer animales es una metáfora de la simpática filosofía capitalista (comer y ser comido)". Otras, más serias: "porque comer animales nos recuerda nuestra fragilidad, violencia; la crueldad de la vida".

Safran Foer no espera necesariamente que dejemos de comer carne, sino que se cambien los mecanismos industriales grotescos por granjas humanas y éticas alejadas de la crueldad, muy escasas hoy en Estados Unidos. "¿Qué clase de mundo crearíamos si tres veces al día activáramos la compasión y la razón al sentarnos a comer, si tuviéramos la imaginación moral y la voluntad práctica de cambiar nuestras más elementales normas de consumo?", se pregunta el autor, quien sabe de antemano el efecto que tendrá su libro en el lector: "(Ya) no podemos alegar ignorancia, sólo indiferencia".

Comer carne es natural, ¿no?

Mucha gente le ha reclamado a Safran Foer -desde granjeros a periodistas- que ingerir animales es natural, que forma parte de la cadena alimenticia y que la naturaleza en sí es cruel, algo que el autor niega: "La naturaleza no es cruel. Ni tampoco lo son los animales que matan y a veces torturan a otros. La crueldad depende de que uno comprenda que está siendo cruel y de las posibilidades que tiene a su alcance para evitarla. O de que uno prefiera no verla", escribe el autor.

Sin embargo, la existencia de humanos carnívoros data de 2,5 millones de años atrás , lo que ha quedado demostrado en el descubrimiento de herramientas de piedra diseñadas para cortar carne y de huesos con marcas de cortes provocados por estos utensilios. Se cree que la ingesta de carne en nuestros antepasados habría comenzado como una forma de sobrevivir dentro de su propio nicho ecológico, según explica la periodista Hillary Mayell, de The National Geographic.

Una de las falencias de "Comer animales" es que el autor no ahonda en el tema de las proteínas animales -quizás porque dice no estar escribiendo un panfleto por el vegetarianismo-, de las que se sabe aportan nutrientes como hierro, vitamina B12 y proteínas , que tendrían cualidades diferentes a las de origen vegetal.

Según Craig B. Stanford, ecologista de la Universidad de Southern California y miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, comer carne ha impactado la evolución del cuerpo humano , por ejemplo, gatillando un cambio genético que permitió que el ser humano tenga una mejor habilidad de procesar las grasas y el colesterol , aunque también ha provocado que la mandíbula se vuelva más pequeña y que, por ende, se creen ciertos problemas dentales.

FUENTE: El Mercurio (domingo 19 de junio de 2011)

domingo, 29 de mayo de 2011

Rengo y el Día del Patrimonio


Es una frase común el decir que todos los pueblos tienen patrimonio. La vida misma, por el hecho solo de desarrollarse, conlleva experiencias, significaciones y referentes que con el paso del tiempo, van configurando para los seres humanos un acervo que se siente propio, particular… identitario. Más allá de las declaraciones oficiales que decretan la calidad de patrimonial, el patrimonio es un atributo que, en definitiva, habita en la conciencia de las personas… de los pueblos.

Rengo, por supuesto, también goza de su acervo común… de su patrimonio. Está el patrimonio material, expresado en edificios, plazas, hitos urbanos; y el inmaterial, compuesto por costumbres, tradiciones, saberes, personas. No obstante, la reciente celebración del Día Nacional del Patrimonio dejó al descubierto la tremenda deuda que como comunidad tenemos con el cuidado, puesta en valor y preservación de nuestro patrimonio común.

Desde que se instaurara, el Día del Patrimonio suele celebrarse con la apertura gratuita para los visitantes de los sitios declarados como tales. Y, si bien ya dijimos que aunque la condición patrimonial no depende de un decreto, la ausencia oficial de edificios en esa condición en Rengo evidencia la pereza o falta de visión de autoridades y sociedad organizada por luchar por la declaratoria de hitos de innegable valor para los renguinos.

No tuvimos ningún sitio en nuestra comuna que visitar el pasado domingo.

Más allá de la loable actividad organizada por la Biblioteca Municipal de Rengo, para reflexionar y aprender sobre nuestro patrimonio, la fiesta la vivimos desde afuera. Lugares emblemáticos como los subterráneos de la Basílica Santa Ana de Rengo, El Molino ubicado al costado suroeste del paso sobre nivel ferroviario, y otros edificios industriales, religiosos o de valor arquitectónico o histórico no son de acceso al público, ni siquiera en este día especial, por carecer de una legitimación y puesta en valor oficial, responsabilidad de todos, qué duda cabe, pero también de algunos, especialmente…

La Corporación Cultural de Rengo ha iniciado, desde hace casi un año, un esfuerzo por declarar a la Avda. Bisquertt y la Plaza de Armas de Rengo Zona Típica, calidad que además implica una serie de posibilidades de resguardo, protección y recursos para potenciar el área. Con gran entusiasmo de parte de la comunidad, que ha adherido al movimiento, se ha evidenciado por contraste la indiferencia edilicia (tal como en principio se detectó respecto a la planta de tratamiento de biosólidos de frustrada instalación en Rengo, durante la primera etapa de oposición ciudadana a la medida). Hace tan solo unos días, con estupor pude ver como un camión vaciaba aguas de desconocida procedencia en la pileta de la mencionada Plaza, a vista y paciencia de los vecinos y en plena tarde, estropeando además el piso que circunda la fuente.

La valoración de lo propio dignifica a la comunidad, que es la primera favorecida de su puesta en valor y resguardo. De eso hay muchos ejemplos. Se ha dicho que los pueblos sin identidad no son “pueblos”, realmente… sino dormitorios, habitáculos, apenas soportes de personas que deambulan en sus quehaceres diarios.

Es de esperarse que para un próximo Día Nacional del Patrimonio tengamos más que celebrar como renguinos… que seamos y nos sintamos realmente invitados oficiales y participes activos de la fiesta.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Chillán Viejo y el "relato"


En las últimas semanas se ha instalado en el debate público el tema del “relato” como una cualidad que le faltaría al actual gobierno nacional. Sin embargo este atributo no solo es necesario en ese nivel. En toda escala en donde se desarrolle un proyecto relevante se debiera presentar una causa convocante, inspiradora, que oriente y estimule.

Desde que se reconstituyera como comuna, en Chillán Viejo se experimentó lo que podríamos llamar un “relato”. Su condición de cuna del padre de la patria; su pasado resilente; su apacible encanto le dotan de historia e identidad.

Capitalizando lo anterior, la administración que inauguró esta nueva etapa comunal hizo un trabajo profundo, que no se agotó en la implementación del equipamiento urbano y de servicios propios de su nueva condición, sino que consideró además lo cultural.

No se trató de la agenda cultural efectista y fácil, que suele abundar en los municipios. En Chillán Viejo, por el contrario, se investigó, potenció y divulgó la historia local; se editaron libros o series de libros, se instaló una infraestructura urbana (edificio consistorial, paraderos, señalética) armónica y respetuosa con el pasado y ritmo tranquilo de la comuna. El “relato” chillánvejano se vivía en lo cotidiano… es más, se evidenciaba al ingresar (y al salir) de su territorio.

Con el cambio de administración comunal todo hacía pensar que esto -positivo, por cierto- se mantendría, matizándose otras cuestiones propias de la política municipal. El nuevo edil prometió, en la ceremonia en que asumió el mando, que con él se iniciaría una nueva forma de entender la gestión municipal… inédita en el mundo: la “gestión municipal convocante”. Prometedor discurso reflejo de la alta votación obtenida.

Sin embargo, lo que se ha exhibido en estos más de dos años es una administración que apenas mantiene el funcionamiento de lo que hay, con algunas mejoras propias de una gestión que no ha sido mala del todo, pero que carece de trascendencia… de “relato”. Tal vez por deformación profesional, el gobierno comunal se ha caracterizado por un marcado asistencialismo; a la vez la cultura ha decaído o, en el periodo estival, ha sido apenas algo carnavalesco y efectista.

He de esperar que el “relato” se recupere en Chillán Viejo, de las manos de quien sea.

Fotografía: A dos metros del monolito que indica el lugar donde nació Bernardo O'Higgins, yace desde hace más de un año un pilar caido tras el terremoto. El municipio chillanvejano busca hace años, junto a organizaciones sociales, culturales y académicas, traer hasta el parque monumental los restos del prócer.

sábado, 5 de marzo de 2011

¡Un video para las chicas, en el día de la mujer!



Aca una para las chicas, cantada por una de ellas, con un mensaje femenino (¿feminista?), pero sin perder femeneidad.
¡¡FELICIDADES EN SU DÍA!!!! Y no se dejen aplastar por estúpidos...


CAN'T HOLD US DOWN
Christina Aguilera

Asi que, Se supone que no debo tener una opinion?
Debo quedarme callada solo porque soy mujer
Llámame perra porque digo lo que pienso
Supongo que para ti es mas facil de aguantar si me sentara y sonriera

Cuando una mujer responde airadamente
De pronto el gran hablador no sabe como actuar
Asi que el hace lo que cualquier niñito haría
Inventar dos o mas falsos rumores
Para mi, con seguridad, eso no es ser hombre
Difamar nombres por popularidad
Es triste que solo puedas conseguir fama por medio de la controversia
Pero ahora para mi es el momento de venir a darte mas que hablar

Esto es para mis chicas de todo el mundo
Que se hayan tropezado con un hombre que no respeta lo que valen
Pensando que todas las mujeres deben ser vistas, no escuchadas
Asi pues, Qué debemos hacer chicas?
Gritar mas fuerte
Hagámosles saber que vamos a mantenernos firmes
Asi que, levanten las manos mas arriba y agítenlas con orgullo

Respiren profundo y díganlo fuerte:
'Nunca pudieron, nunca podrán
NO podrán dominarnos!'

Nadie puede dominarnos
Nunca pudieron, nunca podrán

Asi que, Se supone que no debo decir que lo estoy diciendo?
Te ofendes con el mensaje que estoy dando?
Llámame como te de la gana porque tus palabras no valen nada
Porque aun no eres suficientemente hombre para tolerar lo que canto

Si revisas en la historia
Hay un doble estándar comun de la sociedad
El chico obtiene toda la gloria mientras mas pueda él tener sexo
Y aun cuando la chica puede hacer lo mismo, tu sin embargo la llamas ramera
No entiendo porque esta bien
El chico puede salir impune con eso que la chica gana mala reputacion
Todas mis damas juntémonos y hagamos un cambio
Y pongamos en marcha un nuevo comienzo para nosotras, todas canten

Lil'Kim:
Fíjate
Aqui hay algo que simplemente no puedo entender
Si un chico tiene tres chicas, entonces él es el hombre
Si la chica hace lo mismo, entonces ella es una ramera
Pero la tortilla está a punto de voltearse
Apostaré mi fama a que si
Amigos mios copiaron mis ideas y les colocaron sus nombres
Está bien sin embargo, no puedes dominarme
Asi que tengo que seguir para adelante

Para todas mis chicas con un hombre que esté tratando de cortejar a otras
Hazle exactamente lo mismo y permite que asi sea
Necesitas hacerle saber que su juego es desagradable
Lil'Kim y Christina Aguilera te cubriràn las espaldas

Eres solo un chiquillo
Pienso que eres tan listo, tan astutamente evasivo
Que debes hablar muy en grande, para compensar lo que tienes pequeño
Dije que eres solo un chiquillo
Todo lo que haces es molestar
Tu debes hablar muy en grande, para compensar lo que tienes pequeño

Corran la voz
No pueden dominarnos
Aqui estamos, regresamos otra vez
Lil'Kim y Christina Aguilera
No pueden dominarnos

domingo, 20 de febrero de 2011

¡Qué (bueno que) Viña tenga festival!


"A menudo, el mundo intelectual, o quienes aspiran a pertenecerle, rechazan estas actividades y cuestionan su valía cultural. Lo cierto es que esta mirada tiene mucho de prejuicio".

Aunque queda verano, lo cierto es que ya estamos entrando en la recta final de lo que son las vacaciones estivales, tiempo de relajo, descanso, de suspensión de las labores cotidianas, rutinarias… necesarias, nobles y reconfortantes, por cierto, pero que también es necesario suspender… porque “no solo de pan vive el hombre”, y la contemplación, el ocio, lo lúdico o el simplemente no hacer nada también resultan positivos al cuerpo y el espíritu.

En este contexto iniciamos una semana con la fiesta (es el nombre más apropiado, sin duda) más grande y general de Chile, el Festival de la Canción de Viña del Mar, que invade el espacio hasta de los más escépticos y refractarios al evento (su impacto a nivel nacional es solo comparable al que produce la Teletón, otra “fiesta nacional”, de otro matiz, eso sí).

A menudo, el mundo intelectual, o quienes aspiran a pertenecerle, rechazan estas actividades y cuestionan su valía cultural. Lo cierto es que esta mirada tiene mucho de prejuicio. En el siglo XXI, expresiones como el mentado festival, y todas sus derivaciones o imitaciones mejor o menor logradas en diferentes puntos del país, son los equivalentes a otras antiguas instancias que, “ennoblecidas” por los testimonios color sepia que hoy se conservan de ellas, son objeto de estudio, culto y análisis de investigadores que se sienten muy privilegiados de ser parte de la élite que las distingue, conoce y valora.

De alguna manera, las expresiones populares antiguas y (semi)extintas, son llamativas y poseedoras de un valor patrimonial que hay rescatar; las herederas de ellas, con toda su connotación propia del siglo XXI y las tecnologías digitales que hoy todo atraviesan son innobles… o tal vez demasiado masivas… demasiado pop.

En nuestro entorno regional y local también vivimos la cultura pop. Durante el mes de marzo se desarrollará en Rengo nuevamente la Fiesta de la Vendimia, que tiene como uno de sus atractivos un show de música popular. Igual cosa sucederá en Santa Cruz días antes, y además son varios los municipios y comunidad organizada que celebró, celebra o celebrará semanas, festivales y eventos en que se ofrecerán espectáculos masivos, gratuitos o no, con artistas locales y de renombre nacional.

Por otro lado, vemos también que en otras localidades, como Panquehue, comuna de Malloa, fiestas pioneras de este tipo se extinguen, como ocurrió con el Festival del Tomate, en que participaban las organizaciones vivas de la comunidad, más agricultores y vecinos en general durante una semana que combinaba bailes, actividades por alianzas, coronación de reina, festival de la voz, premios a agricultores y un show por donde desfilaron connotados artistas de renombre nacional durante varios años. La muerte de esta festividad, creo, viene a ser síntoma de una decadencia general de esa comunidad y su comuna, tema de para otro análisis.

Una comunidad que no celebra, que no se alegra, que no festeja con saludable liviandad de carácter y ánimo, merece nuestra solidaria atención y preocupación, tal como si un amigo nuestro de pronto considerara innecesario o improductivo reír o divertirse…

Por supuesto, en todo orden de expresiones artísticas existe el concepto de calidad, encontrando en la ópera, la música, el ballet, las letras, el cine, el teatro o la plástica resultados buenos, malos, mediocres, sobresalientes… Pero otra cosa es negar la valía de, por ejemplo, la música popular, tal vez uno de los modos más universales y efectivos para conectar con las emociones (algunas muy profundas) en occidente.

De vez en cuando artistas como Andy Warhol con su trabajo plástico sobre la cultura pop, Javiera Parra con su disco AM o la misma Violeta con su investigación y rescate del folklore popular (no el de salón, casi alegórico, cultivado por la elite) nos validan lo que antes era despreciable o al menos, considerado como un género o expresión menor.

La riqueza de la diversidad de expresiones culturales radica en el diálogo, el complemento, los roles, necesidades, emociones, evocaciones y reflexiones que nos provocan. Yo necesito, ópera, el piano, el cinearte; pero también la comedia, la canción, el Condorito… Mientras mayor sea nuestro registro, mejor. Lo importante, me parece, es no entorpecer nuestra vivencia de las emociones a través de las expresiones artísticas por falsos (o errados) pudores, y peor aún, odiosos prejuicios.

Por ahora solo me alegro al decir “qué viña tenga festival”, que, por cierto, lo tengan otras comunidades de nuestro país, y que ojalá algún día lo vuelva a tener, Panquehue, el pueblo donde personalmente primero vi espectáculos en vivo, organizados por los propios vecinos.

Mal que mal, el verano es tiempo de vacaciones.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Rengo: el tiempo de la ciudadanía


El movimiento contra la instalación de una planta de biosólidos cerca del radio urbano de la ciudad, el rechazo a la construcción de un edificio consistorial en dependencias de la actual Casa de la Cultura y el apoyo a la campaña para declarar a Av. Bisquertt zona típica, son expresiones de que en Rengo se está instalando la conciencia ciudadana. Una tendencia que, en el mundo, llegó para quedarse.

Desde hace ya algún tiempo, en el mundo, y también en Chile, la ciudadanía, es decir, las personas, hombres y mujeres, sin un cargo o posición de influencia particular, han tomado un protagonismo relevante y, hasta entonces, inusual en el curso de los hechos que les afectan.

Una muestra reciente en nuestro país es el movimiento -articulado fundamentalmente a través de redes sociales- que impidió la construcción de una planta termoeléctrica en Punta de Choros (el modo más contaminante de generar energía se instalaba en un sector de gran diversidad ecológica y al costado de una reserva nacional). En otro frente, las muestras de adhesión a Marcelo Bielsa y el repudio manifestado a la directiva entrante de la ANFP -antes a la mesa de Jorge Segovia, que a la postre fue inhabilitada- son una expresión similar. Hacia el sur nos encontramos con lo ocurrido en Punta Arenas y su masivo rechazo al alza del gas en aquella zona históricamente subsidiada.

Así, estos vientos de conciencia ciudadana también se expresan -por fin- en Rengo, con temas que son diversos, pero que en definitiva afectan la calidad de vida de los renguinos y renguinas y por lo tanto buscan en definitiva el bien común, rasgos distintivos de las causas de los ‘vecinos de a pie’.

Vemos entonces como la gente se articula para oponerse a la instalación de una planta de biosólidos que recibiría desechos de toda la región -o incluso de fuera de ella-, propuesta pésimamente planteada en términos técnico y medioambientales por la empresa interesada. Nos encontramos también con un rechazo generalizado, expresado en este diario a través de una encuesta y comentarios, a la instalación de un proyectado nuevo edificio consistorial en dependencias de la actual Casa de la Cultura de Rengo, anulando el desarrollo de esta, que contempla varias fases para complejizar el recinto y hacerlo con ello más integral y funcional a las necesidades artístico culturales de artistas, gestores, elencos y público. Recintos de los que nuestra comuna no abunda, pese al imponente teatro, que por sus dimensiones y función tiene un uso acotado. Un tercer tema relevante, que ha merecido la atención, apoyo e interés ciudadano, es la campaña por hacer de la Avda. Bisquertt zona típica protegida por el Consejo de Monumentos Nacionales y con ello ver facilitada la gestión de una cantidad insospechada de recursos y posibilidades que la potencien en su valor patrimonial, urbano e histórico, evidentemente amenazado en el último tiempo.

Todas estas iniciativas descansan en la convicción, la gestión, el poder y la capacidad de articulación e interpelación de los ‘ciudadanos de a pie’. Indudablemente se necesita de una organización elemental que canalice los esfuerzos, pero que nunca pierda sintonía con el movimiento de base que la justifica sino, por el contrario, sea expresión y fiel articulador del mismo. Así en el primer caso, se ha formado un comité; en el segundo la iniciativa de momento ha sido recogida por el periódico Rengo al Día, que ha demostrado vocación de vigía y defensor ciudadano en estas y otras causas; en el último caso la campaña ha sido encabezada por la Corporación Cultural de Rengo, en circunstancias que la inquietud surgió espontáneamente de parte de los vecinos y vecinas en la primera tertulia cultural organizada por esa entidad el año pasado.

No han sido las autoridades, digamos, convencionales, las que han liderado estas demandas, aspiraciones e iniciativas (en un caso, incluso, es contra ellas que se actúa y en los otros dos, se han mostrado evidentemente ralentizadas y ‘de atrás’ en el seguimiento, reacción y respuesta a estas demandas y aspiraciones). Esto es sintomático de los movimientos ciudadanos que con ello no dependen en exclusiva de la voluntad, visión (o falta de ella), acción y conmiseración de empoderados políticos, ya sea de nivel municipal, regional o parlamentario. El poder radica en los vecinos y vecinas.

El poder radica en los ciudadanos y ciudadanas.

Bien que así sea. Ojalá estos vientos de cambio se queden, y amplíen a otras causas, en Rengo.