domingo, 20 de febrero de 2011

¡Qué (bueno que) Viña tenga festival!


"A menudo, el mundo intelectual, o quienes aspiran a pertenecerle, rechazan estas actividades y cuestionan su valía cultural. Lo cierto es que esta mirada tiene mucho de prejuicio".

Aunque queda verano, lo cierto es que ya estamos entrando en la recta final de lo que son las vacaciones estivales, tiempo de relajo, descanso, de suspensión de las labores cotidianas, rutinarias… necesarias, nobles y reconfortantes, por cierto, pero que también es necesario suspender… porque “no solo de pan vive el hombre”, y la contemplación, el ocio, lo lúdico o el simplemente no hacer nada también resultan positivos al cuerpo y el espíritu.

En este contexto iniciamos una semana con la fiesta (es el nombre más apropiado, sin duda) más grande y general de Chile, el Festival de la Canción de Viña del Mar, que invade el espacio hasta de los más escépticos y refractarios al evento (su impacto a nivel nacional es solo comparable al que produce la Teletón, otra “fiesta nacional”, de otro matiz, eso sí).

A menudo, el mundo intelectual, o quienes aspiran a pertenecerle, rechazan estas actividades y cuestionan su valía cultural. Lo cierto es que esta mirada tiene mucho de prejuicio. En el siglo XXI, expresiones como el mentado festival, y todas sus derivaciones o imitaciones mejor o menor logradas en diferentes puntos del país, son los equivalentes a otras antiguas instancias que, “ennoblecidas” por los testimonios color sepia que hoy se conservan de ellas, son objeto de estudio, culto y análisis de investigadores que se sienten muy privilegiados de ser parte de la élite que las distingue, conoce y valora.

De alguna manera, las expresiones populares antiguas y (semi)extintas, son llamativas y poseedoras de un valor patrimonial que hay rescatar; las herederas de ellas, con toda su connotación propia del siglo XXI y las tecnologías digitales que hoy todo atraviesan son innobles… o tal vez demasiado masivas… demasiado pop.

En nuestro entorno regional y local también vivimos la cultura pop. Durante el mes de marzo se desarrollará en Rengo nuevamente la Fiesta de la Vendimia, que tiene como uno de sus atractivos un show de música popular. Igual cosa sucederá en Santa Cruz días antes, y además son varios los municipios y comunidad organizada que celebró, celebra o celebrará semanas, festivales y eventos en que se ofrecerán espectáculos masivos, gratuitos o no, con artistas locales y de renombre nacional.

Por otro lado, vemos también que en otras localidades, como Panquehue, comuna de Malloa, fiestas pioneras de este tipo se extinguen, como ocurrió con el Festival del Tomate, en que participaban las organizaciones vivas de la comunidad, más agricultores y vecinos en general durante una semana que combinaba bailes, actividades por alianzas, coronación de reina, festival de la voz, premios a agricultores y un show por donde desfilaron connotados artistas de renombre nacional durante varios años. La muerte de esta festividad, creo, viene a ser síntoma de una decadencia general de esa comunidad y su comuna, tema de para otro análisis.

Una comunidad que no celebra, que no se alegra, que no festeja con saludable liviandad de carácter y ánimo, merece nuestra solidaria atención y preocupación, tal como si un amigo nuestro de pronto considerara innecesario o improductivo reír o divertirse…

Por supuesto, en todo orden de expresiones artísticas existe el concepto de calidad, encontrando en la ópera, la música, el ballet, las letras, el cine, el teatro o la plástica resultados buenos, malos, mediocres, sobresalientes… Pero otra cosa es negar la valía de, por ejemplo, la música popular, tal vez uno de los modos más universales y efectivos para conectar con las emociones (algunas muy profundas) en occidente.

De vez en cuando artistas como Andy Warhol con su trabajo plástico sobre la cultura pop, Javiera Parra con su disco AM o la misma Violeta con su investigación y rescate del folklore popular (no el de salón, casi alegórico, cultivado por la elite) nos validan lo que antes era despreciable o al menos, considerado como un género o expresión menor.

La riqueza de la diversidad de expresiones culturales radica en el diálogo, el complemento, los roles, necesidades, emociones, evocaciones y reflexiones que nos provocan. Yo necesito, ópera, el piano, el cinearte; pero también la comedia, la canción, el Condorito… Mientras mayor sea nuestro registro, mejor. Lo importante, me parece, es no entorpecer nuestra vivencia de las emociones a través de las expresiones artísticas por falsos (o errados) pudores, y peor aún, odiosos prejuicios.

Por ahora solo me alegro al decir “qué viña tenga festival”, que, por cierto, lo tengan otras comunidades de nuestro país, y que ojalá algún día lo vuelva a tener, Panquehue, el pueblo donde personalmente primero vi espectáculos en vivo, organizados por los propios vecinos.

Mal que mal, el verano es tiempo de vacaciones.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Rengo: el tiempo de la ciudadanía


El movimiento contra la instalación de una planta de biosólidos cerca del radio urbano de la ciudad, el rechazo a la construcción de un edificio consistorial en dependencias de la actual Casa de la Cultura y el apoyo a la campaña para declarar a Av. Bisquertt zona típica, son expresiones de que en Rengo se está instalando la conciencia ciudadana. Una tendencia que, en el mundo, llegó para quedarse.

Desde hace ya algún tiempo, en el mundo, y también en Chile, la ciudadanía, es decir, las personas, hombres y mujeres, sin un cargo o posición de influencia particular, han tomado un protagonismo relevante y, hasta entonces, inusual en el curso de los hechos que les afectan.

Una muestra reciente en nuestro país es el movimiento -articulado fundamentalmente a través de redes sociales- que impidió la construcción de una planta termoeléctrica en Punta de Choros (el modo más contaminante de generar energía se instalaba en un sector de gran diversidad ecológica y al costado de una reserva nacional). En otro frente, las muestras de adhesión a Marcelo Bielsa y el repudio manifestado a la directiva entrante de la ANFP -antes a la mesa de Jorge Segovia, que a la postre fue inhabilitada- son una expresión similar. Hacia el sur nos encontramos con lo ocurrido en Punta Arenas y su masivo rechazo al alza del gas en aquella zona históricamente subsidiada.

Así, estos vientos de conciencia ciudadana también se expresan -por fin- en Rengo, con temas que son diversos, pero que en definitiva afectan la calidad de vida de los renguinos y renguinas y por lo tanto buscan en definitiva el bien común, rasgos distintivos de las causas de los ‘vecinos de a pie’.

Vemos entonces como la gente se articula para oponerse a la instalación de una planta de biosólidos que recibiría desechos de toda la región -o incluso de fuera de ella-, propuesta pésimamente planteada en términos técnico y medioambientales por la empresa interesada. Nos encontramos también con un rechazo generalizado, expresado en este diario a través de una encuesta y comentarios, a la instalación de un proyectado nuevo edificio consistorial en dependencias de la actual Casa de la Cultura de Rengo, anulando el desarrollo de esta, que contempla varias fases para complejizar el recinto y hacerlo con ello más integral y funcional a las necesidades artístico culturales de artistas, gestores, elencos y público. Recintos de los que nuestra comuna no abunda, pese al imponente teatro, que por sus dimensiones y función tiene un uso acotado. Un tercer tema relevante, que ha merecido la atención, apoyo e interés ciudadano, es la campaña por hacer de la Avda. Bisquertt zona típica protegida por el Consejo de Monumentos Nacionales y con ello ver facilitada la gestión de una cantidad insospechada de recursos y posibilidades que la potencien en su valor patrimonial, urbano e histórico, evidentemente amenazado en el último tiempo.

Todas estas iniciativas descansan en la convicción, la gestión, el poder y la capacidad de articulación e interpelación de los ‘ciudadanos de a pie’. Indudablemente se necesita de una organización elemental que canalice los esfuerzos, pero que nunca pierda sintonía con el movimiento de base que la justifica sino, por el contrario, sea expresión y fiel articulador del mismo. Así en el primer caso, se ha formado un comité; en el segundo la iniciativa de momento ha sido recogida por el periódico Rengo al Día, que ha demostrado vocación de vigía y defensor ciudadano en estas y otras causas; en el último caso la campaña ha sido encabezada por la Corporación Cultural de Rengo, en circunstancias que la inquietud surgió espontáneamente de parte de los vecinos y vecinas en la primera tertulia cultural organizada por esa entidad el año pasado.

No han sido las autoridades, digamos, convencionales, las que han liderado estas demandas, aspiraciones e iniciativas (en un caso, incluso, es contra ellas que se actúa y en los otros dos, se han mostrado evidentemente ralentizadas y ‘de atrás’ en el seguimiento, reacción y respuesta a estas demandas y aspiraciones). Esto es sintomático de los movimientos ciudadanos que con ello no dependen en exclusiva de la voluntad, visión (o falta de ella), acción y conmiseración de empoderados políticos, ya sea de nivel municipal, regional o parlamentario. El poder radica en los vecinos y vecinas.

El poder radica en los ciudadanos y ciudadanas.

Bien que así sea. Ojalá estos vientos de cambio se queden, y amplíen a otras causas, en Rengo.