El movimiento contra la instalación de una planta de biosólidos cerca del radio urbano de la ciudad, el rechazo a la construcción de un edificio consistorial en dependencias de la actual Casa de la Cultura y el apoyo a la campaña para declarar a Av. Bisquertt zona típica, son expresiones de que en Rengo se está instalando la conciencia ciudadana. Una tendencia que, en el mundo, llegó para quedarse.
Desde hace ya algún tiempo, en el mundo, y también en Chile, la ciudadanía, es decir, las personas, hombres y mujeres, sin un cargo o posición de influencia particular, han tomado un protagonismo relevante y, hasta entonces, inusual en el curso de los hechos que les afectan.
Una muestra reciente en nuestro país es el movimiento -articulado fundamentalmente a través de redes sociales- que impidió la construcción de una planta termoeléctrica en Punta de Choros (el modo más contaminante de generar energía se instalaba en un sector de gran diversidad ecológica y al costado de una reserva nacional). En otro frente, las muestras de adhesión a Marcelo Bielsa y el repudio manifestado a la directiva entrante de la ANFP -antes a la mesa de Jorge Segovia, que a la postre fue inhabilitada- son una expresión similar. Hacia el sur nos encontramos con lo ocurrido en Punta Arenas y su masivo rechazo al alza del gas en aquella zona históricamente subsidiada.
Así, estos vientos de conciencia ciudadana también se expresan -por fin- en Rengo, con temas que son diversos, pero que en definitiva afectan la calidad de vida de los renguinos y renguinas y por lo tanto buscan en definitiva el bien común, rasgos distintivos de las causas de los ‘vecinos de a pie’.
Todas estas iniciativas descansan en la convicción, la gestión, el poder y la capacidad de articulación e interpelación de los ‘ciudadanos de a pie’. Indudablemente se necesita de una organización elemental que canalice los esfuerzos, pero que nunca pierda sintonía con el movimiento de base que la justifica sino, por el contrario, sea expresión y fiel articulador del mismo. Así en el primer caso, se ha formado un comité; en el segundo la iniciativa de momento ha sido recogida por el periódico Rengo al Día, que ha demostrado vocación de vigía y defensor ciudadano en estas y otras causas; en el último caso la campaña ha sido encabezada por la Corporación Cultural de Rengo, en circunstancias que la inquietud surgió espontáneamente de parte de los vecinos y vecinas en la primera tertulia cultural organizada por esa entidad el año pasado.
No han sido las autoridades, digamos, convencionales, las que han liderado estas demandas, aspiraciones e iniciativas (en un caso, incluso, es contra ellas que se actúa y en los otros dos, se han mostrado evidentemente ralentizadas y ‘de atrás’ en el seguimiento, reacción y respuesta a estas demandas y aspiraciones). Esto es sintomático de los movimientos ciudadanos que con ello no dependen en exclusiva de la voluntad, visión (o falta de ella), acción y conmiseración de empoderados políticos, ya sea de nivel municipal, regional o parlamentario. El poder radica en los vecinos y vecinas.
El poder radica en los ciudadanos y ciudadanas.
Bien que así sea. Ojalá estos vientos de cambio se queden, y amplíen a otras causas, en Rengo.
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