lunes, 28 de octubre de 2013

Deporte infantil, seguridad y descriterio en Chillán Viejo



"La cancha, no posee mallas ni rejas, solo una estructura perimetral que no supera el metro de altura y que sirve de borde de cancha. A menudo -como es normal- la pelota supera esa barrera y va a dar a plena avenida Bernardo O´Higgins, cuyo tráfico no es cortado mientras se desarrolla el juego. Ni hablar cuando en horario no oficial de juego, pequeños sin supervisión ocupan la instalación".



A veces la mejor buena intención puede resultar en una mala idea (o en una tragedia) cuando la falta de criterio –o la gestión deficiente– se vuelve un mal endémico, como suele ocurrir desde hace ya demasiado tiempo en la comuna de Chillán Viejo.

Desde hace un par de semanas se ha instalado en la explanada frente al Parque Monumental Bernardo O´Higgins una cancha de “fútbol calle”, muy bonita y que luce logos de distintas empresas que muestran así su compromiso con buenas ideas que promueven el deporte y el esparcimiento saludable. Desde entonces, regularmente, niños se enfrentan por las tardes en partidos mediados por árbitros y entrenadores adultos, rodeados de entusiasta público.

El problema es que a menos de tres metros se encuentra la Avenida Bernardo O´Higgins, proyección de carretera, que es transitada por buses interprovinciales de gran tamaño, camiones y toda clase de vehículos menores, a variada velocidad. Del otro lado está la Plaza de Armas Isabel Riquelme, frecuentemente transitada por niños y familias a la hora de la tarde.

La mencionada cancha, no posee mallas ni rejas, solo una estructura perimetral que no supera el metro de altura y que sirve de borde de cancha. A menudo -como es normal- la pelota supera esa barrera y va a dar a plena avenida Bernardo O´Higgins, cuyo tráfico no es cortado mientras se desarrolla el juego. Ni hablar cuando en horario no oficial de juego, pequeños sin supervisión ocupan la instalación.

Qué un niño del público o de algún equipo salga corriendo a buscar el balón a la avenida; o que algún menor de la Plaza corra para alcanzarla y hacerla llegar a los jugadores de un “chute”; o que algún conductor desprevenido se vea sorprendido por el impacto del balón, y en una maniobra reactiva desvíe el vehículo o genere un accidente, son peligros inminentes que fácilmente se pueden anticipar por una persona de mínimo buen criterio, sentido común, responsabilidad o inteligencia. Cuenta en la que -al parecer- ningún funcionario, gestor o autoridad ha reparado.


La cancha es una positiva iniciativa, pero nunca debió instalarse allí. Aún es tiempo de enmendar este error, antes que se tenga que lamentar un accidente terrible y a todas luces evitable. Si alguien quiere lucir sus logros, que no sea a costa de la seguridad de nuestros niños.



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