jueves, 14 de noviembre de 2013

Palomas electorales 2.0



 "Un país moderno, desarrollado y de gran civilidad, como Chile pretende ser, debiera tener otra norma y formato para su propaganda electoral, que garantice la calidad de la información (al menos la identificación clara del sector que el candidato representa), el acceso de todos los ciudadanos a esta información y; la equidad en la visibilización de todas las alternativas en carrera".

Las elecciones presidenciales, parlamentarias y de Cores, que se realizarán el próximo 17 de noviembre en el país, han inundado a la ciudad de propaganda, criticable por varios costados.

Lo más evidente es la contaminación visual, la saturación y los problemas de seguridad que genera tanto para conductores y peatones. Le siguen lo obsceno del gasto que implica su fabricación y despliegue; lo contradictorio que resulta el mensaje que supone contener, “el ofrecimiento de servicio público en beneficio de una comunidad determinada”, mostrando al mismo tiempo desprecio por el cuidado estético, seguridad y moderación en el gasto incurrido. Más finos aún son los diagnósticos que hablan de la mala calidad de la información de las gráficas, con frases anodinas, generalizaciones vacuas, sin propuestas o sellos más o menos diferenciadores, y, lo peor -cuestión que no debiera ser legal-, el ocultamiento de los partidos y pactos que los candidatos representan.

Así, estos candidatos a servidores públicos muestran una cara nada amable y respetuosa a los ciudadanos que pretenden seducir, pese a lucir una sonrisa estampada en los carteles.

Un país moderno, desarrollado y de gran civilidad, como Chile pretende ser, debiera tener otra norma y formato para su propaganda electoral, que garantice la calidad de la información (al menos la identificación clara del sector que el candidato representa), el acceso de todos los ciudadanos a esta información y; la equidad en la visibilización de todas las alternativas en carrera (mismo propósito que busca la franja electoral televisiva, el pago por la ocupación de los cargos públicos y el reembolso por parte del estado de los gastos incurridos en la campaña, en forma proporcional a la votación lograda; medidas que buscan ampliar la política del monopolio de las elites y los grandes grupos económicos, democratizándola y posibilitando -con igualdad de condiciones - la electividad de todas las propuestas).

Un modo de materializar esta aspiración bien podría ser la instalación, en todas las comunas y poblados del país, de paletas publicitarias de gráfica rotativa (digitales, del tipo de las pantallas que se advierten en algunos cines o locales de comida rápida), que den una cantidad igual de segundos a cada candidato -la suficiente para la lectura del mensaje-, con una norma que obligue a visibilizar, en un porcentaje no menor al 10% de la superficie de la gráfica, el partido y pacto de origen (cumpliendo esta norma, el diseño corre por cuenta del comando). Se instalarían en plazas y otros centros de alta concurrencia (consultorios, servicios públicos, etc), a costo del estado y, paralelamente, con prohibición de cualquier otro tipo de publicidad callejera. Una buena ocasión para implementar la medida serían las siguientes elecciones municipales de 2016, que aseguran focalización territorial en la implementación. Sería una forma limpia, respetuosa, equitativa, accesible, sustentable y económicamente conveniente de hacer publicidad electoral vial, tanto para los ciudadanos, candidatos como para el estado chileno.


La próxima vez que en una misma oración incluyamos “palomas”, “ciudad” y “suciedad”, debiéramos estar hablando de aves, y no de políticos.