martes, 29 de abril de 2014

El mall y el mal




"Chillán también está ampliando su mall y puede ser la oportunidad para que este tenga una más amplia oferta (habrá nuevas salas de cine, al menos). Pero será el capital cultural y la demanda del público lo que hará “rentable” el proporcionarla"

A menudo el prejuicio, lugar común o la tentación snob afectan nuestras apreciaciones, haciéndolas tajantes y carentes de matices. Es lo que ocurre con los mall o centros comerciales cuando se oye de “opinólogos cultos” calificarlos como la encarnación de las peores lacras de la sociedad actual.

Es cierto que descriterios como el Mall de Castro o el proyecto Barón, en Valparaíso, dan pie a sendas y justificadas críticas. Para el caso del Mall de Castro, no es el centro comercial en sí el problema, sino la forma en como el proyecto se implementó (violando normativas y permisos y no contemplando un diseño ad-hoc al lugar). Por mucho que los turistas de temporada o los estetas deseen un Chiloé prístino en lo que se supone son sus tradiciones y paisaje, el recinto es un anhelo de la comunidad y les resuelve necesidades legítimas que la mayoría de nosotros no tenemos inconveniente en atender.

Veamos otro caso. A pocos kilómetros de Chillán se encuentra el Mall de Los Ángeles que, además de las tiendas anclas y un sinfín de locales pequeños, posee una bien dotada librería de la Feria Chilena del Libro, una galería de exposiciones amplia, una Biblioteca Viva (con préstamo a domicilio y en sala de libros, revistas y DVDs, además de dar talleres y charlas culturales), un cine con seis salas (que programa películas chilenas y cintas con buena crítica junto a blockbusters). ¿Es esto malo para Los Ángeles? ¿Por qué, si el mall de Chillán tuvo librería, esta cerró hace bastante tiempo, yéndose de la ciudad? ¿Por qué si la piratería también es una posibilidad en Los Ángeles ahí la librería se mantiene, incluso conviviendo a pocos metros con un espacio que presta libros gratis? ¿No será que el mall ofrece a una comunidad aquello que esta acoge y demanda?

Al tanto de lo provocativo de la analogía, permítanme decir que el tan alabado ágora griego fue una mezcla de plaza y mercado, donde los vecinos iban a hacer sus compras y aprovechaban de encontrarse, conversar y discutir sobre los asuntos públicos, pero también practicar el pelambre (es decir, junto a comprar, hablaban de lo importante y lo pedestre). La conversación dependía de los intereses y el capital cultural de cada individuo. El mall es lo mismo, pero veinticinco siglos después, con todo lo que aquello implica. Usted puede ir a comprar (pagando en cuotas que funcionan como canto de sirenas) productos que no necesita, o a encontrarse con amigos, discutir un asunto, adquirir libros, arte, moda o tecnología, etc, con el plus de estar en un recinto bajo techo, climatizado y con todo a mano. Según los hábitos de consumo de los usuarios el empresario ajustará la oferta.

En Chillán, incluso, el mall ha tenido una relación armónica con la emblemática feria, contando con el mercado techado como nexo; un público diverso transita por los tres espacios buscando cosas distintas en cada uno. Chillán también está ampliando su mall y puede ser la oportunidad para que este tenga una más amplia oferta (habrá nuevas salas de cine, al menos). Pero será el capital cultural y la demanda del público lo que hará “rentable” el proporcionarla. El mall bien puede ser nuestro ágora… y nuestro espejo.


Por Jorge Díaz Arroyo. Columna "Capital Cultural", publicada el martes 29 de abril de 2014 en diario La Discusión, de Chillán.
(Fotografía: Mall El Roble)

No hay comentarios: