domingo, 25 de mayo de 2014

Moteras de Chillán



"Los locales se instalan desde el mes de septiembre –saludando la llegada de la primavera y las fiestas patrias– y se retiran con el término del verano, siendo la temporada de mejor venta la que transcurre entre los meses de noviembre y febrero, cuando se concentran las altas temperaturas y se hace apetecible la bebida"

Los lugares no solo están compuestos por personas y relatos, sino también por sabores. Y en Chillán, además de las icónicas longanizas y los multicolores frutos y verduras que ofrece la feria local, resulta emblemático el vaso de mote con huesillo brindado por las Moteras.

Aunque su instalación original surge en los alrededores de la Feria de Chillán, el lugar más conocido, como conjunto de puestos que ofrecen el brebaje, fue el sector de Avda. O’Higgins, donde estuvieron instaladas por décadas. Allí no solo ofrecieron a consumidores locales su especialidad, sino que de modo muy significativo a los veraneantes que, en el trayecto de ida o de regreso al sur del país, encontraron en el refrescante vaso de mote con huesillo el mejor testimonio de encontrarse ya en la histórica ciudad, haciendo de los puestos una parada ideal del viaje de verano. Hoy, tras la intervención de la Avda. O’Higgins, las moteras se han instalado no muy lejos de allí, en la calle Arturo Prat, al costado de la Plaza Victoria, buscando generar una nueva tradición en ese entorno.

El mote con huesillo es una bebida no alcohólica típicamente chilena, que se sirve en todo el país, pero que en Chillán adquiere características especiales por la impronta que le otorgan las moteras. Los locales se instalan desde el mes de septiembre –saludando la llegada de la primavera y las fiestas patrias– y se retiran con el término del verano, siendo la temporada de mejor venta la que transcurre entre los meses de noviembre y febrero, cuando se concentran las altas temperaturas y se hace apetecible la bebida para combatir el calor.

Así el mote con huesillo es uno de nuestros sabores, y el oficio de su preparación, como el ritual de consumirlo en uno de los tradicionales locales de Chillán, una de esas costumbres que crea identidad.


Texto preparado para la Guía del Día del Patrimonio 2014, en Chillán, a cargo de la Unidad de Patrimonio de la Ilustre Municipalidad de Chillán.
Ilustración de Benjamín Kloss para la misma publicación.

lunes, 5 de mayo de 2014

La cultura ad honorem




"Hay otras personas que encuentran aceptable retribuir la participación de un creador con un vaso de vino y una empanada (o una cerveza y un completo, según el contexto). Ni hablar de los que se sienten magnánimos al ofrecer cubrir pasajes o fletes, o los mecenas del canje, encontrables en varios bares de la ciudad"

Que esto servirá para que te conozcan; aumentará tu curriculum; te abrirá muchas puertas; que es un trabajo que merece hacerse, pero no hay dinero… argumentos hay muchos para solicitar que el trabajo en cultura de profesionales (o aspirantes a serlo) se haga ad honorem (es decir, gratis).

La cultura es un bien social, y también un derecho al que todas las personas debieran acceder y por tanto, al menos en un nivel elemental, el estado debiera garantizar. Se parece, en este sentido, a la salud o la educación (tal vez malos ejemplos, por el cuestionamiento al funcionamiento de estos sistemas en nuestro país). No obstante, aunque hoy se luche por una educación y salud gratuita y de calidad como derecho básico para todos, a nadie se le ocurriría plantear que los profesores o los médicos trabajasen gratis para concretar la aspiración. Es de sentido común, incluso, que bajos ingresos a los profesionales claves en estos ámbitos irá en detrimento de la calidad resultante. Alguien debe pagar, siempre.

Entonces ¿por qué la cultura va a funcionar de manera diferente?

La dedicación, el estudio, la exploración, el ensayo, la producción, la difusión, la autocrítica, todo aquello requiere tiempo, inversión… y una cierta tranquilidad que proporciona la justa retribución económica. Que el profesionalismo que se demanda se corresponda con condiciones profesionales de trabajo (ingresos, recursos, espacios, plazos), no solo es una perogrullada, sino un requisito esencial.

Aún es posible ver en ciertas comunidades a personas escandalizadas porque una actividad artística con cobro de entrada no tiene un fin benéfico, sino destina la recaudación a cubrir los costos de producción y, con suerte, algún excedente para artistas y productores. Hay otras personas que encuentran aceptable retribuir la participación de un creador con un vaso de vino y una empanada (o una cerveza y un completo, según el contexto). Ni hablar de los que se sienten magnánimos al ofrecer cubrir pasajes o fletes, o los mecenas del canje, encontrables en varios bares de la ciudad.

Aún más, hay instituciones, municipios y grandes entidades culturales (con personas cultas en sus mandos) que encuentran plausible en pleno siglo XXI brindar “una oportunidad” al beneficiarse con el trabajo que una joven promesa puede realizar para demostrar capacidad… ad honorem, por supuesto. Como si no existieran los curriculum o los portafolios que acreditan experiencia, estudios, aptitudes y habilidades.

Naturalmente hay casos en que el trabajo puede ser gratuito. Actividades benéficas, o proyectos asociativos con un diseño y apuesta coherente que aspira a una retribución a mediano plazo, por ejemplo… o el placer de darse un gusto con alguna iniciativa no remunerada. Pero en todo caso, son instancias voluntarias, que de ninguna manera se pueden imponer. De lo contrario, quien busca hacerse conocido solo lo logrará como “el que trabaja gratis”.

Un cambio en la profesionalización de la cultura requiere, justamente, de un cambio cultural. Si no, serán los artistas los “mecenas” de quienes encargan su participación ¡un absurdo completo en la autodenominada capital cultural “no oficial” del país!

Por Jorge Díaz Arroyo. Columna "Capital Cultural", publicada el lunes 5 de mayo de 2014 en diario La Discusión, de Chillán

jueves, 1 de mayo de 2014

De videos, tabú, campaña del terror y reforma tributaria




"Al final, todo se reduce al manejo medial y a la cultura del miedo, que lo pone en práctica la campaña de los opositores a la reforma y sus estrategias de prensa, más que el video del gobierno"

No me explico la alharaca que han formado por el video del gobierno que explica, en su perspectiva, la reforma tributaria. El duopolio mediático, que responde a los intereses de la derecha chilena (cuestión sin mayor novedad y originalidad, no por ello menos cierta) ha descalificado la reforma con al menos seis contenidos por edición, todos los días, en forma de columnas, entrevistas o reportajes. ¿No parece legítimo que el gobierno haga su propia campaña y explique su propósito, y en forma más transparente, incluso (a través de un video claramente de propaganda), que la derecha económica (que nos vende propaganda disfrazada de información)?

Por lo demás, en el clip solo se dicen las cosas por su nombre, pero en el país del eufemismo, verse suavemente tocados por un video le ha dado urticaria a unos cuantos poderosos... pero claro, esos pocos tienen acceso a los medios de circulación nacional y amplifican el mensaje, haciéndolo parecer más representativo de lo que en verdad es.

Al final, todo se reduce al manejo medial y a la cultura del miedo, que lo pone en práctica la campaña de los opositores a la reforma y sus estrategias de prensa, no el video del gobierno.

Cuando venimos de celebrar el día de los trabajadores, llamo a que divulguemos la campaña, divulguemos el video, perdamos el miedo al cuento que nos pintan los magnates de la prensa, la banca y las grandes empresas (las mismas que no estafan con contratos fuleros y nos precarizan laboralmente con el multirut).