domingo, 13 de septiembre de 2015

Chillán: armonía entre ruralidad y urbanidad




"En Chillán, a metros de la feria y el mercado, convive en relativa armonía un mall. Somos un combinado de ruralidad y urbanidad. Nos sentimos cómodos así, y un desafío de la futura región será mantener y potenciar lo mejor de cada mundo, en una virtuosa combinación."

¿Qué tenemos los ñublensinos que nos hace sentirnos tan diferentes al resto de los habitantes de la región del Biobío?

Hay una identidad constituida por un relato y una forma de vida. El relato, mitificado, es el de ser cuna de héroes y artistas, condición que se manifiesta no solo en Chillán, sino también en San Carlos, Ninhue, San Fabián, Chillán Viejo, entre otros.  El estilo de vida, en tanto, es el de la fusión de las actividades agropecuarias rurales, con el pequeño comercio de corte urbano, ya sea en contexto precordillerano, de valle central, secano o costero. Como es una forma de vida que se ha ido generando por ya varios siglos, cuando el transporte y las comunicaciones no eran lo que hoy, esa forma de vida se siente distinta al área de influencia de Concepción. De ahí una sensación de distingo, de que somos otra cosa. El relato penquista no nos identifica, y nuestro modo de vida singular se potencia aún más con nuestra conciencia de ser tierra fértil en personajes públicos notables.

¿Cómo influyó en nuestro devenir el terremoto de 1939?

En lo identitario-cultural, los principales hitos físicos de Chillán son efectos del terremoto. Dos ejemplos: La Catedral es nuestra postal más emblemática, y los murales que están en la Escuela México nos ponen en el mapa del muralismo mundial. Pero la arquitectura de rasgos modernos de Chillán trasciende a los hitos más importantes, y se manifiesta también en un sinnúmero de casas, barrios y edificios urbanos aún vigentes (pues la ciudad se levantó casi en forma simultánea, absorbiendo el paradigma en boga de la época). Todo esto otorga una fisonomía que se puede convertir en identidad.

En aspectos más prácticos, un factor de seguridad y económico es que la ciudad resistió en gran forma el terremoto de 2010. El Chillán post 1939 es una ciudad “aguanta terremotos”, lo que la hizo foco de una interesante migración interregional.

Todos estos rasgos Chillán (por su importancia relativa) los proyecta a la zona de Ñuble.

¿Cuáles serían los rasgos que identificarían al ñublensino?

Pienso que en lo cultural, lo que identifica al ñublencino, es lo que se sintetiza muy bien en Nicanor Parra: la convivencia de rasgos rurales, campesinos, tradicionales, con una modernidad urbana (con comercio, servicios) y expresiones más sofisticadas o de la llamada “alta cultura”. Podemos verlo en otras personas, de distintas zonas de la provincia: En Quirihue surge un poeta como Francisco Contreras, que desarrolla el “mundonovismo”, mientras en Chillán Marta Brunet muestra la vida en la precordillera rural en la novela “Montaña Adentro”, con buena crítica en Santiago. En Cobquecura y Chillán Viejo nacen notables investigadores del arte popular, como Fidel Sepúlveda y Tomás Lago, respectivamente, pero sin duda ellos son parte de la elite cultural nacional y se mueven ahí. En Chillán mismo, a metros de la feria y el mercado convive en relativa armonía un mall. Somos un combinado de ruralidad y urbanidad. Nos sentimos cómodos así, y un desafío de la futura región será mantener y potenciar lo mejor de cada mundo, en una virtuosa combinación.

Entrevista realizada por la periodista Isabel Charlín al licenciado en historia Jorge Díaz Arroyo, en el marco de la edición especial por los 145 años de diario La Discusión de Chillán (05 de febrero de 2015), para el reportaje "Armonía entre ruralidad y urbanidad, la identidad que nos ha marcado a fuego" (págs 38 y 39).

No hay comentarios: