domingo, 5 de marzo de 2017

De vuelta a colegio: la escuela en la literatura


Llega marzo y ya es tiempo de volver a clases, lo que para muchos estudiantes no es necesariamente una buena noticia. Pero, tal vez, la literatura ayude en parte a reconciliarnos con aquel hecho ineludible. Son varios los libros que se han dedicado a narrar las aventuras de sus protagonistas entre cuadernos, patios y horarios de clases. Acá una selección de títulos que nos ayudarán a "volver al colegio".

Por Jorge Díaz Arroyo

Siempre habrá estudiantes que echarán de menos los exámenes, las tareas o la experiencia de aprender algo nuevo. También hay quienes extrañan a sus compañeros o que se aburren horriblemente durante las vacaciones y anhelan la vuelta a la escuela. Pero, en general, el regreso a clases suele tener una carga negativa o, al menos, un lado B que puede resultar estresante para los menos entusiastas.

Además de las asignaturas y sus exigencias, están las dinámicas y presiones del ámbito social, con tópicos como el bullying, las rivalidades, la búsqueda de un grupo al que integrarse, los “sabores” y sinsabores del amor y las pequeñas o grandes traiciones, “propias” de toda aglomeración humana.

Pocos podrían suponer que la literatura resulta una aliada para enfrentar el proceso, ¡y no solamente desde el punto de vista de la evasión! Por el contrario, son varios los textos que abordan, a través de sus protagonistas, los rigores de la vida en la escuela o el liceo. A lo largo de las épocas, diferentes títulos han tratado el tema desde distintos ángulos y con diferentes estilos, (a menudo) propios de su tiempo. En las siguientes líneas abordaremos una selección de ellos.


CORAZÓN
(Edmundo de Amicis, 1886)

Más de 120 años tiene este clásico de la literatura infantil, escrito durante pleno proceso de unificación italiana, y que ha sido leído por generaciones alrededor del mundo, convirtiéndose en uno de los textos más divulgados de la historia.

Con un lenguaje sencillo, y en clave de diario de vida, Enrique, un niño de Turín que ingresa a tercer año de educación básica, cuenta sus experiencias y reflexiones. En sus páginas desfilan personajes como los compañeros, de diferentes clases sociales, pero predominando los de estrato humilde. También se ven los apoderados de los niños –sus padres–, varios profesores, y la familia de Enrique, compuesta por su hermana, padre y madre, los que a menudo le escriben cartas –que se insertan en el texto– con mensajes, y consejos. Así mismo, se intercalan con las crónicas del diario de vida los cuentos que los estudiantes estudian cada mes en la escuela, con clara función edificante.

En rigor, es este propósito el que cruza todo el libro. La obra apela a cada momento a la sensibilidad del lector, con imágenes y situaciones patéticas, y personajes a menudo sufrientes. Cada fragmento del texto busca ennoblecer, dejar una lección, un testimonio. Cuando aparece algún elemento o personaje reprochable es sólo para favorecer la aparición de la acción correcta y establecer así la moraleja. Esta dinámica puede tener –para los lectores de hoy– dos deficiencias: una es la fatiga ante tanta lección y sacrificio (aparecen en el texto niños que se inmolan en medio de un conflicto bélico para beneficiar a su bando, por ejemplo); la otra es la incredulidad, no sólo ante la historia, sino para con el texto como tal. ¿Infancia donde todo es sacrificio, entrega y compromiso? ¿Infancia donde hay poco espacio para la diversión, la divagación lúdica, o la distracción y travesura sin culpa?

Sin embargo, son obstáculos que se pueden salvar con el debido contexto, advertencia y guía del profesor, familiar o quien sea que esté animando la lectura. El libro no ha perdido su potencial para hacer reflexionar a niños (y adultos) sobre lo bueno y lo malo y las virtudes del sacrificio, entrega, generosidad, esfuerzo u honradez.


PAPELUCHO
(Marcela Paz, 1947)

La genial pluma de Ester Huneeus, el verdadero nombre tras Marcela Paz, ha capturado con intuición y sensibilidad preciosas la mente de un niño que se ha vuelto eterno y reconocible para millones de lectores de Chile e Hispanoamérica. Escrito como diario de vida, es el propio Papelucho, un niño de ocho años de edad de una familia de clase media santiaguina, el que nos cuenta sus andanzas y divagaciones.

El regreso a clases viene hacia la mitad del libro, luego que se relaten las vacaciones que el grupo pasa en Viña del Mar primero, y en el campo luego (enero y febrero, respectivamente). Marzo trae cambios: de la casa, la familia se traslada a un departamento; pero lo más importante para nuestro protagonista es que a partir de ahora es internado en un colegio de curas.

Al igual que Enrique, del libro Corazón, Papelucho entra a cursar tercero básico. En el internado hace amigos (no sin dificultad inicial), pelea, se abuena, se aburre, imagina, sufre bullying, recibe el coqueteo de la hermana de un compañero que va de visita, es castigado, inventa un negocio, destaca en gimnasia, se quiebra un pierna, entre otras “aventuras”.

Es especialmente atractivo el pasaje en que Papelucho y su amigo Gómez, crean la revista “Chistelandia”, con el primer objetivo de descubrir al autor de un anónimo que distrajo a nuestro protagonista para robarle su diario, el que finalmente recupera. El éxito del “emprendimiento” es tal, que se olvidan de su propósito para seguir expandiendo el negocio… hasta que son atrapados por el rector, nada menos que cuando tienen una edición que contiene chistes sobre uno de los curas– maestros, el padre Carlos.

No es difícil reconocerse, aún en pleno siglo XXI, en este fascinante personaje de la literatura nacional.


HARRY POTTER
(J. K. Rowlyng, 1997)

Fue uno de esos fenómenos editoriales que se inscriben a fuego en la historia de la literatura universal. Lo más notable es que el éxito de ventas no sólo fue una inyección de energía (y dinero) para la alicaída industria editorial del cambio de siglo, sino también un estímulo para que una generación completa se animara a leer y, eventualmente, se quedara con el hábito, hasta hoy.

La saga del niño mago –que creció a la par que sus lectores, convirtiéndose en un adolescente al final de la misma– abrió paso a otras series que apelaron a un público juvenil (algunas nuevas y otras antiguas que ganaron nuevo auge) llenando los anaqueles de hadas, brujas, gigantes, vampiros y cuanto habitante pueda habitar en la fantasiosa mente de autores y lectores entusiastas.

El origen de la serie es Harry Potter y la piedra filosofal, que nos presenta a un niño tímido y apocado, al cuidado de sus corrientes y odiosos tíos, el que de un día para otro es “rescatado” por un curioso y extravagante personaje para ser llevado a “cumplir su destino”: estudiar en el prestigioso colegio Hogwarts de magia y hechicería. Sí, el niño es un mago, y no cualquier mago, sino uno especialmente poderoso sobre el cual circulan leyendas… y expectativas.

Pero el libro nos muestra que aún en los ambientes más maravilloso y fantasiosos hay aspectos y ritos que son comunes a todos los niños. Por ejemplo, entrar a un colegio; comprar los útiles escolares y el uniforme; hacer amigos; lidiar con diferentes asignaturas y profesores; seguir reglas… y romperlas; soportar el embate de los abusivos y experimentar la solidaridad de “los buenos”, entre otros procesos.

En Harry Potter la experiencia escolar también evoluciona con el avance de la saga. Particularmente atractivo resulta el volumen 5, La Órden del Fénix, en que la tiranía y las prácticas antipedagógicas llegan al colegio a través de la instalación de una nueva directora, Dolores Umbridge, que reemplaza al viejo y carismático Albus Dumbledore. Como suele ocurrir en los establecimientos educacionales, el despotismo aterriza aquí vestido de dulzura, bien común y moral, pero las formas no engañan a Harry y sus amigos, los que se rebelan cuando ya se encuentran en plena adolescencia y su curso equivale a uno de la enseñanza media, para nosotros... aunque es cierto que en nuestro currículum no abundan asignaturas como “Pociones” o “Defensa contra las artes oscuras”…


LAS VENTAJAS DE SER INVISIBLE
(Stephen Chbosky, 1999)

Para aliviar la soledad que le significa el reciente suicidio de su único amigo, Charlie comienza a escribirle cartas a un extraño, en las que le narra sus vivencias y pensamientos. La angustia del adolescente no es menor. Además del shock por la desaparición de su compañero, Charlie este año comienza su primer año de secundaria; antes ha sufrido crisis nerviosas y alucinaciones, que lo han llevado a estar hospitalizado y medicarse, y la única persona con la que ha sentido alguna conexión mayor en su familia ha sido su tía Helen, fallecida hace algún tiempo, el mismo día en que el protagonista cumplía 7 años.

Este panorama nada alentador es el que presenta el comienzo de la novela, articulada completamente con las cartas enviadas al “anónimo amigo”. Charlie es un bicho raro para sus compañeros. Su profesor de literatura avanzada, Bill, le anima a “implicarse”, al tiempo que detecta el potencial intelectual del muchacho y le da de tarea el análisis de textos adicionales al plan lector, que el joven recibe con interés. Haciéndole caso al maestro, Charlie se acerca a dos originales y divertidos hermanos, Sam y Patrick, quienes lo reciben con calidez y lo hacen parte de su círculo de amigos.

Entonces a Charlie se le abre un mundo de experiencias, con fiestas, complicidad, romance y drogas, sin que por eso deje de sentirse atormentado por sus recuerdos y la dificultad para encajar y conectarse.

Lejos de asustarse por su contenido, padres y profesores tienen en este libro la posibilidad de explorar junto a los jóvenes lectores experiencias y temas propios de su edad, estimulando la conversación; diálogo que se da espontáneo entre los adolescentes que han leído el texto o visto la película protagonizada por Logan Lerman y Emma Watson y que es dirigida y adaptada por el propio autor del libro. Ahora, esto no quita que la novela sea mucho más rica en situaciones, información y desarrollo de los personajes que la adaptación cinematográfica, principio que es aplicable también a la saga Harry Potter que acabamos de revisar. La lectura del libro siempre implicará una experiencia distinta a quedarse con la versión fílmica de la historia.


EL LIBRO DE LOS CINCO
(Varios autores, 2013)

Cerramos esta selección con un texto que representa otra forma de “volver al colegio”. Hablamos de El Libro de los Cinco. Homenaje al Instituto Nacional en su Bicentenario: 1813 – 2013, de los autores Julio Barrenechea, Juan Borie, Remberto Latorre, Ángel Morales y Eugenio Valenzuela. En este original y entrañable trabajo de no ficción, cinco amigos que se conocieron en el Instituto Nacional por los años ´50 del pasado siglo se reúnen para tributar a su colegio, compartiendo recuerdos y pasajes de sus vidas –no necesariamente relativas a sus años como estudiantes– conformando de este modo un relato de época de la clase media de su generación, en su versión profesional e ilustrada, no por ello exenta de conflictos y bemoles.

Un bello trabajo que invita a la propia introspección del lector, buscando en su particular biografía las claves de su razón de ser y el sentido del mundo.

Así hemos transitado por cinco obras que, en su propio estilo, abordan el paso por el colegio, con gran parte de sus significancias, tensiones, facetas e ilusiones y recompensas. Resulta difícil, al leer estos textos, no sentirse identificado con los conflictos que deben enfrentar los protagonistas. Y sin conflicto no hay historia, dicen los que saben. Tal vez la próxima vez que estemos experimentando una situación “propia del contexto escolar” nos acordemos de alguno de estos personajes y nos sintamos como uno de ellos, capaces de construir con valor, arrojo y aventura las páginas de nuestra propia historia.

NOTA: Publicado originalmente en revista Leamos N° 2 (Ediciones Investigación, Cultura y Desarrollo, Chillán, febrero de 2014)

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