domingo, 20 de agosto de 2017

Revistas y cómics antiguos: lecturas vintage para viajar por el tiempo


Sin duda, existen publicaciones icónicas que marcaron época y forman parte del imaginario de distintas generaciones. Por disponibilidad de espacio solo pudimos abordar una pequeña muestra de todos los títulos disponibles, pero captada la idea, usted podrá ir tras sus propios recuerdos, fetiches y colecciones. ¡Bienvenido al viaje!


Por Jorge Díaz Arroyo


Una de las escenas más entrañables del film Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001) es aquella en que la protagonista logra hacerle llegar a un antiguo residente del edificio donde ahora vive, una cajita de lata oxidada con unos cuantos recuerdos de infancia: una fotografía de un ídolo deportivo, un ciclista de juguete del tour de Francia y otras chucherías que gatillan en el sorprendido beneficiario una avalancha de recuerdos y emociones. En otras palabras, activan su memoria emotiva.

Es eso lo que nos pasa con un montón de cosas, entre ellas, libros y revistas que fueron parte de nuestra infancia y que hoy solo viven en un rincón de nuestra memoria, ya sea porque las tuvimos y las extraviamos o porque las anhelamos intensamente sin llegar a poseerlas.

Hoy hay formas de rescatarlas: además de afamados persas, como el Biobío, en Santiago, existe el portal mercadolibre.cl donde se puede comprar de un cuanto hay. Pero también en Chillán se encuentran dos interesantes depósitos para coleccionistas y busquillas: El Arca de Noe, en la Feria de Chillán, y La Libroteca, en el segundo piso del Mercado Municipal. Veamos parte de las ofertas disponibles.


TARZÁN DE LOS MONOS

La Editorial Novaro fue el deleite de los lectores y coleccionistas de cómics durante los primeros años de los 70, en el siglo pasado. La firma mexicana distribuía en América Latina la mayor parte de los clásicos estadounidenses más apetecidos por los lectores, por supuesto, traducidos al español. Entre los héroes de estas aventuras quincenales, uno de los favoritos era, sin duda, Tarzan de los monos.

Muy ad-hoc con la mentalidad de la época, las aventuras de este hombre blanco perdido cuando apenas era un bebé en la selva africana y criado por primates, estaba poblada por sabios científicos y/o excursionistas occidentales con buenas intenciones, acompañados por una asistente, hija o sobrina convenientemente guapa, que se metía en problemas con traficantes o cazadores, también blancos, o con fieras salvajes, o pueblos primitivos agresivos. Tarzán actuaba entonces como bisagra entre ambas culturas, la salvaje o de la selva y la occidental “civilizada”. Todo bajo una mirada que se deleita en lo exótico.

Un universo donde las lanzas y los fusiles, los taparrabos y los sombreros cucalón conviven en tensa trama, pero siempre con un final feliz, que suele dejar algo parecido a una moraleja.


EL LLANERO SOLITARIO

También editada por Editorial Novaro, la serie del justiciero enmascarado del oeste estadounidense es una de las más queridas y recordadas de la época en que el cómic se ofrecía generoso en los quioscos nacionales.

Montado en su caballo blanco, Plata, y acompañado del fiel indio Toro, que cabalgaba en un equino bicolor bautizado Pinto, El Llanero fue uno de tantos personajes del género western que llegó también a las viñetas del cómic, antecedido por el radio teatro, la televisión y el cine.

Kemo Sabay, como lo llamaba en su lengua Toro, defendía la justicia y a los débiles, fueran estos colonos blancos o aborígenes pacíficos y honorables. Pero así también los villanos (o “pillos”, como aparece a menudo en las traducciones mexicanas) podían ser indios sanguinarios o caras pálidas inescrupulosos. Hay, además, una semilla de integración en la serie, al aliarse en la cruzada justiciera un ranger y un nativo.


JUNGLA

Pero el boom del comió también insufló la creatividad local, y talentos chilenos dieron a la luz títulos que hoy son emblemáticos, como el caso de Jungla, cuyas aventuras eran protagonizadas por Mawa, una especie de Tarzán en versión femenina, con bastante similitud en su universo narrativo con el personaje creado por Edgar Rice Burroughs.

En efecto, los exploradores, científicos, tribus, fieras, traficantes y cazadores vuelven a encontrarse en las salvajes tierras del Amazonas, de las que Mawa es guardiana y garante de paz.


EL MANQUE

Más original, aunque sin carecer de la influencia del western estadounidense, es El Manque (Cóndor, en mapudungun).

La historia de este justiciero huaso chileno, que obviamente se desplaza a caballo y vive sus aventuras en el contexto rural, se funde con la de la editorial chilena Quimantú.

Veamos. A principios de los años 70 gran parte de la producción comiquera nacional era editada por Editorial Zig-Zag. Con el arribo al gobierno de Salvador Allende, los empleados de la editorial presionaron para que la empresa fuera adquirida por el estado, lo que se concretó en 1971, dando origen a Editorial Quimantú. Este sello mantuvo la publicación de historietas, al tiempo que elaboró e implementó una ambiciosa estrategia de difusión y promoción del libro, combinando grandes tirajes, bajos precios, amplia circulación y títulos de interés y valor. Con el Golpe de Estado de 1973 Quimantú fue cerrada, reinaugurándose a poco andar bajo el nombre de Editorial Nacional Gabriela Mistral. Por un tiempo se mantuvieron títulos como El Manque, ajustando sus aventuras a los valores que interesaban al régimen militar (o que al menos no le hacían mella), hasta que la serie se canceló en 1974, muriendo con ella otros títulos de historietas e iniciándose el periodo más yermo de la narrativa gráfica nacional.


ICARITO. ESPECIALES “TODO DE UNA VEZ”

Si toda una generación aprendió y se fascinó con publicaciones como El Peneca, y otra lo hizo con Mampato, la de los 80, encuentra en el suplemento Icarito, del diario La Tercera de la Hora a su revista emblemática.

En una época en que no abundaban en nuestro país computadores ni impresoras domésticas, y mucho menos enciclopedias como Encarta o recursos como Internet, las clásicas láminas centrales recortables, necesarias para ilustrar las carpetas escritas a mano sobre alguna efeméride (Mes del Mar, aniversario de una batalla, natalicio de un personaje), resultaban imprescindibles para cumplir con la tarea.

Pero especial buen recuerdo tienen aquellos especiales “De una sola vez”, que en un solo volumen de 30 páginas y papel diario (aunque impreso a color y ricamente ilustrado) abordaban un tópico en forma global, con un lenguaje ameno y comprensible, más propio del periodismo que del manual de estudio. Si uno lo leía entero, le quedaba un marco de referencia orientador sobre el tema a tratar, objetivo que ya se quisieran tanto recurso pedagógico digital hoy circulante.

En estos especiales se combinaban tanto temas de historia universal como nacional, ciencias, arte, y cultura. Quizás la deuda de Icarito siempre fueron las matemáticas. Con todo, antes del reinado de Google y el “copy-paste”, el suplemento escolar de La Tercera no solo era una excelente forma de cumplir en clases, sino también una accesible ventana para asomarse al mundo y su rico acervo.


COSQUILLAS

Creada por Guillo Vallejos, mismo autor del cómic infantil de fútbol, Barrabases (1955), la precursora de las fotonovelas Cine - Amor (1962), la revista de humor político El Loro (1988) y la picaresca El Pingüino (1956), Cosquillas es precisamente seguidora de ésta última.

Creada en 1970, la publicación se define como “la revista de las chiquillas lindas, las tallas buenas y los chistes sexapeludos”. Una buena síntesis de los contenidos que una revista para caballeros de buen humor y apetito erótico  (al menos visual) podía reunir en la década de 1970. Además de humor visual ilustrado por caricaturistas, el magazine contiene fotografías de desnudos de divas de la época (tanto de la bohemia nacional, como de modelos internacionales surtidas por agencias), y secciones escritas, como son las anécdotas protagonizadas por el Pato Peñaloza, suerte de Pepe Antártico que número a número relata sus desventuras en el afán de satisfacer sus ansias sexuales.

Picardía que hoy parece cándida.


ECRAN

Antes que apareciera Video Grama (luego llamada Cine Grama), la revista icónica del séptimo arte en Chile fue, sin duda, Ecran.

Fundada en 1930, el magazine siempre tuvo vocación por cubrir las alternativas del cine, especialmente hollywoodense, combinando con aquel en sus inicios temas literarios y femeninos y, en sus postrimerías, entregando cobertura a la televisión nacional. No obstante, la gran pantalla siempre fue la protagonista, y en su época de oro, por los inicios de los años 60 del pasado siglo, fueron los protagonistas del star system norteamericano quienes reinaron en sus portadas y páginas interiores.

Tal como en alguna actual revista para teenagers, en Ecran además de los estrenos internacionales, se le sacaba partido al atractivo de los ídolos y estrellas entre los y las adolescentes, y se daba cobertura a temas del corazón, con enviados especiales, abundantes imágenes y un halo de glamour que siempre ha sido propio del cine.

La chica del trombón


Antonio Skármeta
Debolsillo

Del Premio Nacional de Literatura 2014, Antonio Skármeta, es esta novela editada en 2001, que viene a ser una continuación de su anterior trabajo, La boda del poeta (1999), pero que, no obstante, se entiende perfectamente como pieza independiente, sin necesidad de haber leído su antecesora.

Década de 1940. Norte de Chile. Un trombonista llega de Europa junto a una niña blanca de dos años, para entregársela al que es su supuesto abuelo, Esteban Coppeta, emigrante de los Balcanes asentado en Antofagasta. El hombre adopta a la pequeña y la cría en la nortina ciudad, hasta que por salud y estrechez económica se trasladan hasta Santiago.

Desde ahí la novela coqueteará con distintos estilos o fórmulas, ya vistos en innumerables trabajos de distintos autores, sin aferrarse por ninguno. Veamos: no es un libro sobre la relación de una nieta inquieta, perspicaz y algo fuera de lugar entre una sociedad de mayoría morena, con su misterioso pero querendón abuelo. Algo de eso hay, pero pronto se verá que no es el nudo principal. Tampoco se trata de una adolescente que, ilusionada con la promesa del sueño americano y, sobre todo, con la fascinante música anglo y magia de Hollywood, va tras su sueño a las tierras del norte. Ni es la historia de una joven que, mientras crece, se reencuentra con su identidad, con su pasado y el de su familia, respondiendo así a una incógnita surgida desde que tiene consciencia. Ni siquiera la aparición de Salvador Allende como un personaje más en la trama convierte a la obra en un símil de la reconocida pieza del mismo autor, Ardiente Paciencia, donde Neruda es uno de los protagonistas.

La chica del trombón es un poco todas esas opciones, y al mismo tiempo ninguna en específico. ¿Qué es entonces? Bueno, como ya se dijo, una mezcla. Un relato donde la búsqueda (de la protagonista) es permanente, pero distinta según las etapas que atraviesa. Donde las concepciones no son estables, y los juicios sobre las personas tampoco absolutos y, si parecen serlo, son dables de modificarse por el peso de las circunstancias o las caprichosas vueltas de la vida. Un mundo donde no hay malos-malos, ni buenos-buenos; dónde los sueños y las expectativas, las ilusiones incluso, mutan y se transforman (más que claudican). En el fondo, La chica del trombón es una novela entrañable, que transcurre en 40 años, mostrando, a modo de telón de fondo, la sociabilidad, la política y la cultura de la clase media urbana chilena, sin pretensión sociológica.

La chica del trombón es un relato que se parece mucho a la vida.

La Tregua


Mario Benedetti
Alfaguara

Ha inspirado canciones, películas y es uno de los clásicos indiscutidos de la narrativa contemporánea de habla hispana y el título más popular de su autor, Mario Benedetti. ¿Qué tiene La Tregua, que sigue estando entre las lecturas predilectas de diferentes generaciones, a más de 50 años de su publicación (se lanzó en 1960)? Probablemente sea su aura de redención, de renacer, sin por eso abandonar la melancolía.

Un hombre maduro, de clase media, viudo, con dos hijos ya adultos con quienes no tiene mayor comunicación, y una vida rutinaria y sin sorpresas, conoce en el trabajo a una joven muchacha que debe estar bajo su mando, cuando él cuenta los días para jubilarse. Sorpresivamente surgirá entre ellos una relación que le ofrecerá al protagonista la oportunidad de dar un sentido más profundo a su existencia.

En el nombre del poder popular Constituyente (Chile, siglo XXI)

Gabriel Salazar
LOM ediciones

En la senda del ya clásico Ser niño huacho en la historia de Chile (siglo XIX), el historiador Gabriel Salazar, Premio Nacional de la disciplina en 2006, nos presenta un trabajo breve, de bolsillo y dirigido al público general (no solo al académico), con manifiesto afán de educación y empoderamiento ciudadano.

Y es que, además del formato, el título resulta decidor. Lanzado en 2011, en pleno segundo aire del movimiento estudiantil (el primero fue el 2006), este libro (y sobretodo, este historiador) fue uno de los tantos elementos que contribuyeron a resquebrajar la hasta entonces asumida legitimidad del modelo político, económico y social de los últimos 40 años en Chile. No por nada hoy estamos discutiendo reformas tributaria, de educación y al sistema político.

Pero el trabajo de Salazar va al fondo del asunto: la Constitución. El historiador sostiene, reivindica y postula, con base histórica, el poder constituyente de toda la ciudadanía, y no solo del estamento político, que según él, solo se preocupará que una nueva carta magna resguarde el poder a los pocos privilegiados que lo han detentado por dos siglos. Si se quiere que una nueva Constitución responda a las necesidades y aspiraciones de toda la sociedad, entonces toda la sociedad debe participar en su construcción. De ahí la necesidad del autor de exponer, en un texto al alcance de todos, los fundamentos para exigir y ejercer ese derecho.