viernes, 27 de octubre de 2017

Libros de terror para leer con la puerta cerrada

Si en los ochenta Halloween solo era una fecha entretenida que aparecía en las películas y series yankees, en los noventa fue penetrando en nuestro terruño, impulsada por el comercio, para, ya en el siglo XX –junto al conejo de pascua– ser parte de nuestro calendario no oficial. Y es que la cultura es así, un sincretismo sin fin y sin límites: Para no ir más lejos, la cueca tiene raíces en África y la empanada en el mundo árabe. Por eso, para estar a tono con la fecha, hemos dedicado este artículo a la literatura de terror, uno de los géneros más fascinantes para grandes y chicos.


Por Jorge Díaz Arroyo

FRANKENSTEIN
Mary Shelley

Aunque es uno de los clásicos indiscutidos en el imaginario del terror, no todos saben que el monstruo “fabricado” con partes de cadáveres y “devuelto” a la vida por el Dr. Frankenstein, nace en la literatura, y que su autora es una mujer culta de apenas 18 años: Mary Shelley.

Más sorprendente es que la primera aparición de la criatura en la novela es… ¡en el Polo Norte! Y que, pese a su fisonomía amenazante, según la historia, el científico intentó dotarlo de cierta belleza, así como de inteligencia, y otras virtudes deseables en un “súper hombre”.

Pero Frankenstein es más que un relato de terror gótico para infundir miedo en el lector. La obra escrita en 1818 se considera la fundadora del género de ciencia ficción, pues sigue los pasos a un científico que, obsesionado con su proyecto, no discrimina los límites morales, éticos ni filosóficos para concretarlo. Si esto le suena familiar, es porque múltiples villanos, desde entonces, han seguido este arquetipo de “científico loco”: desde el Dr. Octopus en El Hombre Araña, hasta Mr. Freeze, en Batman, por citar dos ejemplos del cómic, nada más.

Al mismo tiempo, Frankenstein plantea al menos dos problemas mayores: uno, el límite de la ciencia, sobre todo cuando ésta se ejerce sin consideraciones éticas, y dos, como el prejuicio, abandono y rechazo a un ser, en principio inocente e inclinado al bien (como es el engendro creado por Frankenstein), lo va ahogando en la soledad hasta bestializarlo al grado de convertirlo en una amenaza para la sociedad (una analogía hoy muy pertinente para graficar el círculo vicioso que se produce entre marginalidad, falta de oportunidades, estigmatización y delincuencia).


EL GATO NEGRO
Edgard Allan Poe

Uno de los más reconocidos autores en literatura de terror es Edgard Allan Poe (1809-1849). Idolatrado por séquitos de lectores en todo el globo, durante su vida sufrió el desprecio de sus pares, muriendo miserablemente a temprana edad. Cierto es que su carácter, que variaba entre taciturno e iracundo, no lo ayudó a integrarse en círculos sociales ni literarios.

Con todo, hoy no hay duda de que se trató de un genio e innovador de las letras.

El gato negro y otros relatos es una compilación de tres de sus más famosos cuentos. Al del título se suma El pozo y el péndulo y Entierro prematuro. Todos están ilustrados por el artista argentino Luis Scafati.

En las tres historias encontramos a un narrador en primera persona, que nos cuenta –al principio muy compuestamente, luego en forma vívida y nerviosa– algún hecho escalofriante. Todo en un ambiente de creciente angustia y opresión (material o sicológica).

Así vemos a un hombre que descarga su brutalidad en un gato; otro que vive los acuciantes momentos de su condena fatal y un tercero que está atemorizado por la posibilidad de ser, por error, enterrado en vida en un sepulcro.

Pese a lo pesadillescas de estas imágenes, Poe da muestras de cómo se puede escribir el miedo con elegancia y maestría.


DRÁCULA
de Bram Stoker
Michael Burgan (adaptador)

Si el león es el rey de la selva y Superman el superhéroe por antonomasia, entonces –qué duda cabe– Drácula es el monstruo más emblemático en el mundo occidental.

Escrita en 1897 –muy posterior a Frankenstein– por Bram Stoker, el personaje principal se inspira en Vlad Draculea, también conocido como Vlad Tepes, Vlad III o el decidor apodo de Vlad el Empalador: un príncipe de Valaquia (hoy sur de Rumania) famoso por su severidad y la crueldad de sus recursos. Recoge además cuentos del folclor, leyendas y supersticiones.

La versión que reseñamos es una adaptación al cómic de la novela original, orientada al público infantil y juvenil, a cargo de Michael Burgan en la historia y de José Alfonso Ocampo en los dibujos. Incluye, además, datos del autor de la pieza original, glosario, información ampliada acerca del vampirismo, preguntas para debatir, y algunas propuestas de escritura, que estimulan la imaginación creativa de los jóvenes lectores.

La trama conserva íntegra la estructura general del original, con la natural adaptación y  simplificación propia del público al que va dirigido y la dinámica de la narrativa gráfica. Para tranquilidad de los padres, logra cautivar sin caer en lo perturbador o inapropiado. Se puede lamentar, eso sí, que el final resulte un tanto abrupto y carente de epílogo.


DR. MORTIS
Juan Marino

No estaría completa esta reseña si no nos detuviéramos en el ícono más emblemático del género de terror en nuestro país. Y ese no es otro que el Dr. Mortis.

Creado por el puntarenense Juan Marino en 1945 para el entonces popular formato de radioteatro, el personaje y su “universo” llegaron a la historieta en 1967, siempre con Marino y su esposa Eva Martinic, en algunos episodios, como autores de sus relatos.

Más que un personaje en sí, Mortis es una suerte de ente, de fuerza inasible, de encarnación del mal, que en la medida que avanzan los números de sus revista, va tomando la personificación de un hombre reconocible… bastante inspirado en el ícono del terror en el cine de los 50 y 60, Vincent Price (actor en el film La casa de cera, y la voz tenebrosa del clip Thriller, de Michael Jackson, entre otras apariciones).

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