miércoles, 7 de febrero de 2018

A propósito de “The Post”, lo último de Spielberg: tres películas sobre periodismo


Por Jorge Díaz Arroyo

La última película de Steven Spielberg, The Post: los oscuros secretos del pentágono, ha vuelto a poner en la gran pantalla un thriller dramático centrado en el ejercicio periodístico. El séptimo arte ya cuenta con piezas magistrales al respecto, como El ciudadano Kane (1941, Orson Welles, para muchos la mejor película de la historia) o Todos los hombres del presidente (1976, Alan J. Pakula). Sin embargo, en la siguiente selección, abordamos filmes más recientes, que nos permiten acercarnos a diferentes aristas del hacer periodístico, con notable vigencia. Son películas que no solo se pueden disfrutar como espectador, sino también como ciudadano crítico, informado y comprometido con el presente.


“The Post: los oscuros secretos del pentágono”: libertad de prensa y rol fiscalizador


(2017, Steven Spielberg). Basada en hechos reales, esta película aborda la misión de la prensa en cuanto a ente fiscalizador del poder, al servicio de los ciudadanos (no al revés), y sobre la defensa de la libertad de prensa para cumplir en buena forma con lo anterior. El contexto es la decisión que a inicio de lo años 70 debió tomar la dueña (Katharine Graham, interpretada por Meryl Streep) y el editor general (Benjamin Bradlee, interpretado por Tom Hanks) del Washington Post (entonces un diario local) de publicar una serie de documentos clasificados que prueban que el gobierno de los Estados Unidos engañó al Senado y al pueblo estadounidense respecto a la Guerra de Vietnam, prolongando innecesariamente un conflicto que sabían que perderían. Presionados por la administración Nixon, amenazados por acciones judiciales y en un complejo momento económico, los líderes del medio tendrán que tomar una compleja decisión.

El tema ya había sido abordado en una película para la televisión (Los archivos del pentágono, 2003, Rod Holcomb), pero desde el punto de vista de la fuente que filtra los documentos, y no desde los medios que los publican.

El filme, realizado en tiempo récord, es sin duda un paralelismo que funciona como llamado de atención sobre lo que ocurre hoy en Estados Unidos respecto al presidente Donald Trump y su relación con los medios de prensa. La pertinencia con la agenda contemporánea también salta a la vista con el empoderamiento de la propietaria del medio, en un ambiente predominantemente masculino y machista.




“Spotlight”: la relevancia del periodismo de investigación


(2015, Thomas McCarthy). No basta con la declaración de independencia ni las buenas intenciones. Para que un periódico sea relevante debe contar con capacidad y recursos para investigar los temas en forma efectiva, el respaldo de los directivos y la valentía e integridad de sus reporteros y editores. Todo esto se dio en el Boston Globe cuando su equipo de investigación periodística, llamado “spotlight” (algo así como “poner en foco” o “echar luz”), se propuso indagar y, luego, dar a conocer las prácticas sistemáticas de encubrimiento a los abusos sexuales a menores, cometidos por miembros del clero local, por parte de la Iglesia Católica de Massachussets. Esto, a inicios del siglo XXI, previo a la masificación de internet, con un Estados Unidos choqueado por los atentados del 11 de septiembre y una Iglesia Católica aun poderosa. El escándalo desencadenó una oleada de denuncias de prácticas similares a nivel mundial, hoy ampliamente conocidas. El filme que relata estos sucesos, por su parte, recibió el Oscar a Mejor Película 2015, entre otros galardones.




“Contagio”: los peligros de la posverdad


(2011, Steven Soderbergh). Si bien este filme no se centra en el periodismo, sino en cómo surge y se expande una pandemia, con catastróficos resultados, es interesante que los realizadores, en la arista prensa, hayan preferido darle protagonismo a un reportero aficionado e independiente que informa mediante un blog, y no a las grandes cadenas tipo CNN, como nos tiene habituado el cine de catástrofes de vocación más comercial.

Alan Krumwiede (interpretado por Jude Law) comienza a hacer una cobertura alternativa a los medios tradicionales, desde un blog autogestionado, comenzando a ganar seguidores en base a primicias y “certezas” de las que la gente está ansiosa y que los estamentos oficiales no proporcionan. Motivado por el ego, el resentimiento ante los grandes medios (que lo han marginado), y la ambición económica, Krumwiede comienza a superar la mera especulación, alcanzando pronto derechamente la mentira para aprovechar el momento. La (des)información que proporciona genera mayor caos, cuando las personas buscan un sencillo medicamento que el asegura funciona como antídoto al virus: la forsythia.

La película, de esta manera, cubre la reacción de la sociedad global ante la emergencia (incluido los estamentos de gobierno, así como los organismos internacionales de salud), sin dejar afuera la hoy preocupante variable de desinformación mediante noticias falsas, motejadas con el concepto ambiguo de posverdad.

Recuerde esta película cuando vuelva a oír acerca de pronósticos de terremotos en nuestros país.


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