sábado, 28 de abril de 2018

Papelucho detective



Marcela Paz
Editorial Sudamericana

Este es uno de los títulos más populares de la serie creada por Marcela Paz en 1947 y que, como prueba indiscutible de su calidad, se mantiene vigente hasta hoy. En rigor, Papelucho detective es el tercer título de la saga, publicado 10 años después que el primer tomo, en 1957.

La fértil imaginación del niño protagonista, a la que recurre para evitar el aburrimiento dada su condición de único niño en la familia (el resto lo compone un papá oficinista; una mamá atribulada en sus quehaceres -que aquí espera a la que será el concho de la familia, la futura “hermana Ji”-; Javier, el hermano preadolescente, y la empleada Domitila), es una suerte de bálsamo que suaviza los hechos a veces dramáticos que se narran.

Papelucho, que es de clase media, hace un amigo, el Chirigüe, que vive en una población “callampa” de la capital. En una salida a los barrios de aquel, es testigo de un crimen, de la vulnerabilidad de un lactante, de la cruda precariedad de la miseria, del alcoholismo y la delincuencia, y llega, incluso, a ser amedrentado, secuestrado y luego detenido en un recinto policial.

Luego será testigo de otro tipo de delitos, como el robo en su casa, y jugará a ser detective (sin mucho éxito), todo mientras su familia prepara su traslado desde Santiago, por motivos de trabajo del padre, a Concón.

La fabulosa intuición de Marcela Paz para interpretar la sicología de un niño, más su aguda observación de la familia y la sociedad, sigue siendo la magia que da vida a este clásico de la literatura infantil. El trasfondo de la historia también puede ser una buena herramienta para abordar con los más chicos temáticas sociales.

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